Un artículo en el ABC de Sevilla transmite la percepción, desde el punto de vista de los peatones, de la cultura ciclista local provocada por los carriles-bici:
la bicicleta en Sevilla (…) da para que cualquiera se cuele por donde le da la real gana con sólo llevar una bicicleta. Así que la cacareada ciudad de las personas es en verdad la ciudad de los ciclistas. Sagrados como lince en Doñana, para cien ciclistas como Dios manda, hay un porcentaje de jetas que hacen de la ciudad su patio. Y no les tosa, no se le ocurra decirles ni pío porque le señalan el carril bici, la prioridad de las dos ruedas sin motor y el sermón de la montaña. ¿Carril compartido? Sí, compartido por los ciclistas, que como usted se descuide al cruzar un carril bici empieza a oler a traumatología que es una cosa mala. Mucho menos riesgo tiene cruzar un paso de peatones sin semáforos en una avenida. El ciclista se ha creído —le han dado poderes, es cierto— el rey de la ciudad (…). Todo el monte es orégano para la bicicleta: si por el carril bici, todo para mis dos ruedas; si tengo que cruzar una avenida, me espero con los viandantes, sin soltar la bici, y en cuanto el muñeco se pone verdolaga, los hay que se montan y cruzan entre las personas, con el riesgo de darles un rozonazo. Bueno, y si te rozo, ¿qué pasa? Sube usted a una bicicleta, o la lleva cogida, y se tiene que apartar el mismísimo San Fernando que bajara del caballo. ¿Carril bici? Eso es el chollo bici.

Aquí en Sevilla los políticos no tienen empacho en decir que los carriles bici suponen un cambio de modelo hacia una “movilidad sostenible”. Realmente me parece ridículo ese planteamiento cuando el tráfico motorizado no ha disminuido de forma significativa, seguimos teniendo los mismos atascos que antes de la instauración de los carriles.
Por lo demás la crítica del artículo periodístico se queda muy corta, el mayor problema de convivencia con los peatones no radica en el carril bici, sino en que los ciclistas se han adueñado de las aceras (de cualquier tamaño) aprovechando una absurda normativa que permite que circulen por aquellas con más de cinco metros de ancho.
En mi blog suelo tratar esta problemática desde una perspectiva peatonal, las aceras y calles peatonales deben ser espacios de convivencia, no sólo de paso, en vez de impulsar a la bicicleta como un vehículo más con pleno derecho para circular por la calzada se le da una categoría de semipeatón, creando problemas donde no los había.
Un saludo.
Sevalber(Quote)