Oscar Tusquets en La Vanguardia.

Hace poco un inesperado y violento golpe me arrancó de las manos el periódico que estaba hojeando junto al quiosco donde lo acababa de comprar. Cuando me recuperé del susto, vi a un ciclista disfrazado de riguroso ecologista (al menos no llevaba mascarilla) detenido a pocos metros señalando con aire recriminatorio unas líneas que habían sido blancas pintadas en el pavimento. Parece ser que había osado invadir su territorio, el carril bici que atravesaba un área con todos los visos de peatonal.

Es interesante cómo la generalización de conflictos provocada por la militarización de la calle a base de vías segregadas para los ciclistas, el efecto que está teniendo es hace más inverosímiles (al menos en la perspectiva del autor) las soluciones basadas en el civismo, la responsabilidad individual de los usuarios y la convivencia real:

un ingeniero especialista de tráfico (…) proponía que esta se declarase velocidad máxima obligatoria y que se suprimiesen todas las limitaciones ahora existentes: semáforos, carriles bus o bici, prohibición de giros a la izquierda, de cambios de sentido… En fin, que peatones, animales, ciclistas y vehículos de motor circulasen como en la India, mezclados y sin limitaciones. Como toda propuesta que pone en cuestión un hábito generalmente admitido o un exceso de ordenanzas y tecnología, esta me pareció muy sugerente. Simplificar es muchas veces la solución. No sé cuáles están siendo los resultados del test, pero la reciente experiencia de bicicletas circulando libremente por las aceras de Barcelona me está provocando serias dudas sobre su viabilidad.

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4 Responses to “Atormentando Barcelona: el carril bici”

  1. Juan Carlos I says:

    Está generando serias dudas su viavilidad porque, en la actual ordenación del tráfico, los peatones no tienen interiorizada, y (según esta ordenación) no tienen por qué tenerla, la presencia de ciclistas en las aceras. Un niño que corre hacia una esquina, un camarero que sale a servir a una terraza, una anciana que sale del portal de su casa, etc. no tienen en mente que una bicicleta (inesperadamente) se interponga en su camino.

    Por otro lado, muchos ciclistas que “huyen” de la calzada porque, entre otras cosas, tienen que prestar la suficiente antención como para conducir un vehículo, en las aceras siguen sin prestar la debida antención, siendo esta muy superior a la necesaria en la calzada. Porque en la calzada, los movimientos de los vehículos (sus zonas de incertidumbre) son más predecibles que los comportamientos de los peatones, cuya zona de incertidumbre es mucho más amplia (un peatón, de repente gira noventa grados y sale corriendo en milisegundos)  

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  2. Mane says:

    Hace poco escribí sobre este artículo de Oscar Tusquets en mi blog. Por si os interesa: http://biciene.blogspot.com/2009/11/respuesta-oscar-tusquets.html  

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  3. Chuparuedis says:

    Juan Carlos I:
    Por otro lado, muchos ciclistas que “huyen” de la calzada porque, entre otras cosas, tienen que prestar la suficiente antención como para conducir un vehículo, en las aceras siguen sin prestar la debida antención, siendo esta muy superior a la necesaria en la calzada. Porque en la calzada, los movimientos de los vehículos (sus zonas de incertidumbre) son más predecibles que los comportamientos de los peatones, cuya zona de incertidumbre es mucho más amplia (un peatón, de repente gira noventa grados y sale corriendo en milisegundos)  

    Se puede decir mas alto pero no mas claro.  

    (Quote)

  4. Mane says:

    En eso tienes razón. En la acera, por contra de lo que se suele pensar, el ciclista ha de ir con mil ojos. Es mucho menos vulnerable que en la calzada… pero infinitamente más agresivo, incluso si está circulando por un carril bici de esos que ya no deberían existir (léase Gran Vía o Diagonal, en Barcelona)  

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