FUENTE: Lista de correo de Ciudad Ciclista (6 agosto 2010)
¿Os habéis parado a pensar, por qué cada vez hay más carteles en la calle? ¿Más ordenanzas de uso del espacio público? ¿Cómo puede ser que después de tantos carriles bici poca gente siga usándola? Quizás haya una respuesta que nos sorprenderá. Son los espacios compartidos.
Hay que remontarse a finales de la segunda guerra mundial para entender la idea que tenemos actualmente acerca de las calles. Debido al creciente uso del coche hubo que adaptar las calles y se popularizó la idea de la segregación, que ha marcado nuestras calles desde entonces. La idea es sencilla: como las personas, las bicis, los niños jugando y los coches tienen comportamientos y velocidades habituales muy distintas, crearemos espacios diferenciados en las calles para cada uno de ellos. Cada uno en su corral.
Esa idea, que todavía hoy es la comúnmente aceptada (sin darle demasiadas vueltas al asunto) permitió el desarrollo del automóvil en las ciudades, e hizo posible cruzarlas a una velocidad bastante buena. El tráfico ha ido creciendo y las calles se han llenado de peatones y de coches. De bicis no tanto, ya que en este esquema de la segregación, si no tienes un carril para tí, no tienes lugar en la calle.
La contaminación visual ha crecido hasta niveles alucinantes. Hoy en día si vas en el coche es complicado ver todos los
carteles/marcas/divisores/bolardos que se te presentan y tenerlos en cuenta. La actitud frente a los accidentes es clara, en cuanto se produce uno se instala una nueva valla, un nuevo cartel, un nuevo muro protector o señal luminosa. Es decir, se subrayan las barreras de la segregación.¿Quién iba a escuchar a alguien que dijese que es precisamente eso lo que crea problemas de inseguridad y conflictos de uso de la calle? Pues espero que más de uno me escuche porque es lo que voy a decir.
En las calles con circulación segregada se presupone que todo el mundo estará en el lugar que le corresponde. Me siento tranquila y segura andando por la acera, si soy peatón. Conduzco con confianza y determinación mi coche si acabo de ver que mi semáforo está en verde. Con nuestro coche a 50 km/h por el centro de la calle asumimos que los niños cumplirán la norma de no abandonar la acera y miramos al frente. Cuando atravesamos un semáforo en verde asumimos que los otros vehículos, los peatones o las bicis respetarán su semáforo en rojo. Esta seguridad tiene un efecto contraproducente de inseguridad. Dicho de otra forma, una sensación de inseguridad aparente crearía una
seguridad real, debido a la atención de todas las personas en la calle.El problema es de base: Se han tratado de reglamentar, convertir en norma, infinidad de conductas complejas. Se crean normas que nunca serán plenamente cumplidas pero actuaremos como si el otro las fuera a cumplir siempre.
Algunos ayuntamientos han ido todavía más allá, incluyendo en sus ordenanzas cosas como que los peatones deben caminar por la derecha, regulando el uso de la ciudadanía de los espacios públicos (no se pueden realizar actividades no reglamentadas o tipificadas), protegiendo los espacios de juego de los niños como si fueran fortalezas o recubriendo de vallas o medidas protectoras cualquier espacio minimamente susceptible de albergar un accidente.
Y sin embargo, siguen ocurriendo accidentes y muchos usuarios de las calles no las encuentran cómodas ni para transitar ni para realizar cualquier otro tipo de actividades.
Existe otra forma de plantear las cosas. Son los espacios compartidos. En ellos se pone punto final a la segregación y se busca la convivencia entre diferentes basadas en la legibilidad de las calles y el sentido común de sus pobladores.
En los espacios compartidos no hay un espacio para los coches, otro para las bicis, otro para jugar, otro para cruzar la calle. No, se busca simplicidad, solo hay dos tipos de espacios: los dedicados al tránsito y los dedicados a la convivencia.
Los espacios dedicados al tránsito favorecen a los medios de transporte y son principalmente las carreteras entre ciudades y pueblos y las grandes vías/avenidas de comunicación. El resto, que debería estar compuesto por la mayoría de las calles de la ciudad son espacios dedicados a la convivencia.
En estos últimos, coches, peatones, bicicletas, actividades de ocio, mesas informativas, niños jugando… todos tienen cabida. Se busca adecuar el movimiento de todos ellos para que compartan el mismo espacio. Todas las personas en la calle saben que su situación de seguridad depende de su atención y reaccionan positivamente a ello. Las velocidades se disminuyen por debajo de los 30 km/h para todos los vehículos, permitiendo que cada persona controle la posición de los demás en la calzada. Nada está asegurado (al igual que no lo está en la segregación, aunque nos haga pensar lo contrario) y eso hace que cada persona ponga la atención necesaria para convivir.
Este modelo, que elimina señales, baja la altura del alumbrado, crea un firme uniforme en toda la calle (difuminando la línea entre acera y calzada) se está implantando en ciudades del Reino Unido, Alemania, Holanda y países nórdicos. Los resultados son muy positivos: al contrario de lo que parece dictar nuestra forma habitual de pensar, los accidentes se han reducido y el aprovechamiento de las calles ha crecido significativamente.
La clave de su éxito está en su base: la psicología humana. Nuestros movimientos se ajustan mejor a la lectura que hacemos de nuestro entorno que a un reglamento escrito. Por eso, el objetivo es mejorar la legibilidad de la ciudad, hacer ver a simple vista por dónde suelen cruzar los peatones, dónde suele haber niños jugando, dónde se suelen establecer las terrazas, en qué lugar hay riesgo de que un niño salga corriendo tras una pelota… esto no lo indican correctamente las señales, ni las vallas ni los semáforos, sino la forma de las calles, la elevación del terreno, el posicionamiento de los edificios, la ubicación del arbolado… etc.
La legibilidad de la ciudad, combinado con que dejemos de dar por hecho que cada uno tiene un lugar concreto que respetará siempre (lo que permite un estado de alerta muy valioso) es el principio de que nuestras calles puedan volver a ganarse la calificación de ‘espacio público’ y nuestras ciudades sean sitios donde merezca la pena vivir.

Lo que dices es una barbaridad. Para tener una experiencia de lugares compartidos como esa no hace falta ir a los Países Nórdicos, puedes ir a Delhi en India, a Jakarta en Indonesia o a Turquía. Pues no sé, pero si viajas un poquito te haces a la idea de cómo funionan las cosas, y creo que el ser humano es bastante inteligente para respetar leyes, aunque estoy de acuerdo en que deben ser pocas. No puedo estar de acuerdo en los espacios comunes y no estoy seguro de que ocurran menos accidentes así. He visto en Jakarta a los de las motos golpear el capó el coche y el tráfico es francamente de locos. No, creo que la ciudad debe ser organizada y creo que los carriles-bici son la mejor opción si se quiere promocionar el uso de la bicicleta. Para lugares caóticos ya vemos lo que pasa en los sitios que he mencionado. Hay que viajar un poquito más para opinar.
Arturo(Quote)
No se que sentido tiene viajar a oriente para comparar culturas similares a la nuestra y puesto que hablas de carriles-bici habrá que hablar de países nórdicos o noreuropeos que son los que están exportando e imponiendo su modelo de segregación y al mismo tiempo empiezan a cuestionarse ese modelo. Segregar y atomizar el espacio no se que tiene de organización cuando lo que haces es complicar tanto el tráfico que lo llena de “ruido” haciendo invisibles a los mas débiles frente a los mas fuertes. Y un prueba de la desorganización que genera la segregación es que hace imprescindible tratar de ordenarlo con infinidad de reglas lo cual es una tarea imposible porque añade mas “ruido” al sistema y es de lo que trata el artículo.
Y decir barbaridades es “creo que los carriles-bici son la mejor opción si se quiere promocionar el uso de la bicicleta” pero vamos entiendo que cumples el perfil del carrilbicista y por tanto para tí es un acto de fé creer sin cuestionarte la barbaridad que has dicho, te animo a viajar por la documentación de esta web de “infieles” y leerla detenidamente donde podrás hacerte con un criterio propio y así poder opinar sin decir barbaridades.
Chuparuedis(Quote)
Estoy de acuerdo con Arturo: Hay que viajar un poquito más para opinar.
Yo he viajado por muchos pueblos aquí en España en dónde ya existen esos “Espacios compartidos”: no hay aceras, y los niños, los peatones, las bicicletas, los coches, etc, se adaptan a ese espacio. Los accidentes suelen ocurrir en el único espacio segregado: la carretera que cruza el pueblo.
jotarp(Quote)
Pues en la India, concretamente, a pesar del tráfico caótico (y estresante, la verdad) yo no vi ningún accidente (urbano). Y viví allí seis meses. Aunque, realmente, entre la anarquía de allí y la sobredosis de normas de acá, creo que se puede llegar a algo un poco más intermedio. Me gusta mucho la idea de los espacios compartidos, aunque exigen un replanteamiento de las ciudades que pocos están dispuestos a asumir, aunque convertirían a éstas en lugares mucho más amables.
ytrio(Quote)
@Arturo: El ser humano es inteligente pero no cumple las normas de la calzada (esto no es opinión, sino constatación) y lo que digo yo es que no las cumple porque esas normas son kafkianas y contradictorias. El artículo defiende una simplificación de las normas ya que no pueden sustituir nunca a los factores psicológicos (que se ignoran una y otra vez). También defiende planificar las calles según esos factores psicológicos.
¿Que hay que viajar más para opinar? La esencia de los espacios compartidos no es el “barra libre”, ni la abolición de toda norma. Su esencia es que la regulación de movimientos se hace en base a la “forma” de la calle. En base a la lectura que los que transitan harán de la calle. Por ejemplo: cerca de una escuela o una zona de juegos, se cambia el color o la textura del firme, la iluminación, haciendo más fácil la lectura del tipo de zona. Por otra parte, al simplificar las normas, aquellas que son fundamentales y deben ser conocidas por todas las personas (prioridad en cruces, por ejemplo) salen fortalecidas. Esto no tiene nada que ver con la situación de tráfico en Delhi o Jakarta.
Por otra parte, lo que sí es una barbaridad es defender el carril bici sin pensar en lo que se dice: tal y como dice el artículo, espacios segregados como el carril bici no dan seguridad, sino SENSACIÓN de seguridad, algo que es altamente peligroso cuando el ciclista debe salir de su oasis-carrilbicista y enfrentarse con una rotonda, o con un coche que gira a través del carril bici cortándole el paso, es decir, con el mundo real. Con los coches ocurre lo mismo, se acostumbran a no tener que convivir con los ciclistas y a no adecuar su marcha a la de éstos. Y cuando se los encuentran no saben, ni el uno ni el otro, cómo afrontarlo.
El modelo segregado, sobrereglamentado, con múltiples bolardos, marcas y señales, que tan habitual fué y es todavía en países nórdicos está siendo CUESTIONADO ahora en esos países, a medida que se ve a las personas más humanas y no como robots infalibles a la hora de cumplir con 5 señales/semáforos/marcas (mínimo) a la vista a cada momento. ¿Nosotros vamos a quedarnos atrás?
Por último quería comentar el caso que ha expuesto @jotarp: Pueblos donde la convivencia todavía no se ha eliminado (probablemente por el bajo tráfico y que no han aumentado la ‘capacidad’ de calles haciendo sentidos únicos de varios carriles… etc) el único punto donde siguen ocurriendo los accidentes es en la carretera que cruza el pueblo. ¿Por qué? Precisamente por lo que expone el artículo: porque los coches que la atraviesan tienen una FALSA sensación de seguridad de que ninguna persona se va a adentrar en la carretera y las personas que la cruzan una FALSA sensación de seguridad de que los coches harán caso de las señales de 50 y disminuirán la seguridad. Así de bien funcionan la contaminación visual y las vías segregadas.
hibai(Quote)
Yo no había oído hablar de los espacios compartidos hasta hace bien poco y, si escuchas la idea con la mentalidad “pro-coches” que se han encargado de meternos en la cabeza, inicialmente, es una idea que “echa para atrás”. ¿Qué por qué? Pues porque da miedo. O porque está alejada de lo establecido. O porque, parece mentira pero, somos incapaces de “reinventar” lo que ya está establecido. Pero si decides escuchar la idea con la mente abierta, te das cuenta de varias cosas:
1. Las bicicletas, en las ciudades que cuentan con carril-bici, no tenemos muy claro qué somos, si peatón o vehículo. Como ciclista, estás en “tierra de nadie” y eso genera un “sube-baja” de la acera a la calzada y de la calzada a la acera, sobre todo, cuando el carril-bici se acaba de repente y aparece una especie de “acantilado”. En Valencia, hace unos meses, murió una ciclista atropellada al salir de un carril-bici hacia la calzada porque el coche que iba por la misma “no se esperaba” que apareciera una bici. Si vas por la calzada, no te pasa eso. Asumes que eres un vehículo (como todos los demás) y los coches se tienen que acostumbrar a que transitan con vehículos mucho más lentos. Y van con los ojos más abiertos por ello. Y así, se evitan accidentes.
2. Es verdad que hace falta viajar más, pero no tan lejos. No puedes comparar melones con pepinos. Bueno, puedes compararlos si quieres “tumbar” la idea de alguien sin analizarla siquiera, pero no es una buena comparación. La India no se parece en nada a un país europeo. Así que viajemos, pero más cerca. A los pueblos de la zona en la que vivimos. En esos pueblos, no hay semáforos, ni señales y, a veces, ni siquiera aceras y, a pesar de ello, no hay accidentes. ¿Por qué? Porque los conductores cuentan con que quizá salga un niño de una calle corriendo tras una pelota o una bici irrumpa en la plaza del pueblo. Y conducen despacio y fijándose, algo que hemos olvidado al ver cómo la calle de nuestras ciudades se iban llenando de luces de colores, de señales de tráfico y de barreras generadoras de segregación. Hay que mirar a esos pueblos porque, al final,la ciudad es más grande, pero podemos verla como una suma de barrios y los barrios sí pueden gestionarse como pueblos.
Yo creo que los espacios compartidos son una forma de volver a lo que ya existió y, si algo fue mejor de lo que es ahora, no tenemos por qué tener problemas en reconocerlo e intentar recuperarlo.
N.A.(Quote)