TEXTO ESCRITO POR Villarramblas EnBiciPorMadrid (27 febrero 2011)

Peatones en el carril bici
Tras la reciente polémica abierta por la DGT ante la posibilidad de que las bicis pudieran circular en cualquier acera de más de 3 metros y la posterior rectificación de Rubalcaba, aclarando que en todo caso se buscaba evitar la creación de aceras bici en aceras de menos de 3 metros, la Coordinadora Ibérica de la defensa de la bici (Conbici) ha expresado en un comunicado su opinión al respecto.

Tras leer el texto, saco la conclusión de que lo que Conbici defiende es el uso de aceras para:

1. Atajar por áreas peatonales, donde la calzada no existe
2. Evitar el tráfico en grandes avenidas
3. Aprender
4. Dar legitimidad a la bici

Creo que los dos primeros motivos sólo estan justificados en tramos muy concretos y nunca de manera general. El resto de motivos socava los esfuerzos que hacemos muchos para enseñar a la gente a quitarse el miedo de la calzada y dejar de pensar en las aceras como espacio natural de la bici, cosa común entre la mayor parte de la población que se plantea la bici por ciudad por primera vez.

Sinceramente, creo que la postura de Conbici parte de tres supuestos erróneos:

1. Que siempre va a haber pocos ciclistas, por lo tanto nunca habrá tráfico ciclista suficiente para molestar a los peatones.
2. Que los ciclistas no tienen capacidad para aprender a circular por la calzada, y que sólo con carriles-bici, áreas peatonales o como mucho zonas 30 es viable la circulación ciclista.
3. Que la promoción ciclista es buena sin más por ser ecológica, sin pararse a considerar si esa promoción se hace a costa del coche o del peatón.


Supongo que habrá algún debate interno entre las asociaciones representadas por Conbici, en el cual este texto es el fruto de algún consenso difícil. Igual me equivoco, pero creo que cada vez hay más ciclistas que tienen claro que si hay calzadas que no invitan a circular a muchos ciclistas, el problema está en las agresivas condiciones del tráfico y la poca pericia del ciclista en comparación, y que las actuaciones pasan por mejorar las condiciones de la calle y las habilidades del ciclista, y que meter a los peatones en la ecuación es poner la venda donde no está la herida.

Esta postura no parece estar representada en Conbici, a tenor de lo que leo. Como ciclista no me siento representado por sus declaraciones. Una cosa es el uso puntual de áreas peatonales para atajar o para colectivos vulnerables y la otra convertirlo en una ley universal, y no sé en qué ayuda a hacer la ciudad más amable, las calzadas menos peligrosas y los ciclistas mejores conductores.

En fin, que o las asociaciones dejan de pensar sólo en sus intereses a corto plazo de sacar bicis a la calle a cualquier precio o vamos a tener a todos en contra.

En el blog de El País, I Love Bicis desdramatizan la cuestión poniendo este video de Japón como ejemplo de convivencia entre bicis y peatones. Quiero fijarme en la ciclista del minuto 2:00 en adelante, y lo que una ley permisiva con las bicis en las aceras ha logrado: que en una calle vacía la gente perfiera circular por aceras estrechas y concurridas. Este post es una llamamiento a que reflexionemos cómo se llega a esa situación, y de si ese es el buen camino. ¿bicis por la calle a cualquier precio?

COPIADO DE: Blog de Alcorcón (25 febrero 2011)

Según dí cuenta en mi artículo del pasado lunes 21 —DGT: ¡que te zurzan!—, dicho organismo, si hemos de hacer caso a los medios, que, en vista de cómo se las gastan, a lo mejor es mucho caso hacer, se proponía modificar algunas normas de circulación, entre las que se contaba la de permitir la de bicicletas por las aceras de más de tres metros de ancho y siempre que lo hicieran a un metro como mínimo de la fachada. El anuncio debió de ser recibido con alborozo por colectivos ciclistas o por ciclistas individualmente. “Por fin”, se debieron de decir, “vamos a poder circular con todas las de la ley por las aceras, sin que ningún quisquilloso e intolerante peatón, que no está dispuesto a admitir la milonga de la convivencia entre bicicletas y viandantes, es decir entre invasores e invadidos —echándole mucho valor y sin temor a nuestras iras jupiterinas— nos pueda mandar al cuerno por hacerlo y por pasarnos por el arco del triunfo la consideración al viandante. O séase que vamos a poder seguir haciendo lo que nos salga, como hemos hecho hasta ahora bajo la mirada indulgente de la autoridad, pero con la ley de nuestra parte”. Algo así debieron de celebrar aquellos colectivos. (Bueno, vale, no se estrepite ningún representante de estos, aunque improbable lector de este blog: parte de ellos).

Pero debió de ocurrir que, para contrariedad de los ciclistas (con loables excepciones; véanse blogs como: Bicicletas, ciudades, viajes… o El carril-bici es el opio del pueblo ciclista), surgieron protestas de viandantes, entre los que me encuentro, que considerábamos el proyecto como un atropello, otra vuelta de tuerca contra el peatón, que ve, una vez más, cómo la acera, que debería ser respetada como su espacio sagrado, se pretendía invadirla. Ante tales protestas, y quizás porque el anuncio de la medida fuera lo que los conspicuos dirigentes políticos suelen llamar, de forma algo idiota, “globo sonda”, un ministro del gobierno de Su Majestad matizó —rectificó, lo que pasa es que Ellos, en un truco que usan mucho, lo llaman “matizar”— que no se trataba de eso sino de que las bicicletas podrían circular por esas aceras —de más de tres metros— siempre que lo hicieran por un carril-bici. Es decir que las bicis podrían circular… por los carriles-bici. Pero ¿en qué quedamos, señor Ministro de la cosa, señores dirigentes del Tráfico? ¿por la acera o por el carril-bici? Y es que me temo que lo que pasaría es que en las aceras reservarían un espacio para bicicletas a lo mejor pintando una simple raya en el suelo.

En fin, de momento este disparate de empeñarse en legalizar la circulación de bicicletas por la acera o, truco, por la acera-bici o, truco más fino, por el carril-bici —a costa del peatón— no se sabe en qué va a quedar porque la cosa parece que, de momento, está parada, lo que significa que las bicicletas siguen, impunemente, circulando por las aceras. En Alcorcón, afortunadamente, el parque de bicicletas debe de ser pequeño, o al menos no circulan en gran número —¡chiiisss, que nadie se entere!—, con lo que, por ahora, se puede andar sin demasiado engorro por la acera, pero ya veremos.

COPIADO DE: Blog de Alcorcón (5 septiembre 2009)

He visto un plano (no oficial) del carril bici de Alcorcón, y lo primero que he pensado es que no estaba completo; faltan las aceras, al menos la de mi calle, en donde en unos meses han estado a punto de atropellarme dos veces: una al salir del portal y la otra al dar la vuelta a una esquina. Es lo que podríamos llamar el carril bici fantasma, y sin embargo tan real. Y no se le ocurra a usted decir nada al ciclista —nunca lo he hecho, pero lo he presenciado— porque encima el rapapolvo se lo lleva usted: “¿Qué quiere, que me atropelle un coche?”, será, probablemente, lo más suave que le digan.

Anoche, sin ir más lejos, cuando iba a cruzar la acera al ir a tirar la basura, tuve que pararme para que pasara un ciclista al que vi venir (casi seguro que él no me había visto porque, para más inri, venía… ¡serpenteando entre dos filas de veladores de terrazas!, que estaban a tope, con niños correteando alrededor de las mesas). Y el piloto no era, precisamente, un adolescente de los que aún tienen restos del cascarón en el culo, sino un hombre hecho y derecho.

Son como okupas de las aceras: como no pueden circular por la calzada y el derecho a hacerlo en bici, por lo visto, es irrestricto, pues “por la acera, que es de todos y, por lo tanto, mía”, deben de pensar.

Se denomina “acera”.

Aceras de la Gran Vía, la nueva infraestructura madrileña de "promoción de la bicleta".

El credo oficial de Conbici sobre la funcionalidad de la acera es el siguiente:

“Creemos positivo poder pedalear en aceras suficientemente anchas o en cualquier zona no motorizada o peatonal.”

La homilía prosigue con esta sensata admonición:

“En estos espacios, el ciclista deberá respetar en todo momento la preferencia del peatón, y si no puede rebasarlo a velocidad de viandante en condiciones de plena seguridad, respetando una distancia de 1 m. del peatón y de la fachada, deberá desistir de intentarlo hasta que se den las condiciones óptimas.”

En opinión de Conbici, esto es genial y “no sería ni molesto ni mucho menos peligroso para ningún ciudadano mientras ejerce de peatón. Más bien ayuda al fomento de la bicicleta.”

Afortunadamente, Conbici nos avisa de que este órdago tendrá solamente, para alivio de todos, un carácter transitorio. Parece que se trata de una medida de fuerza provisional mientras se avanza en el tema central de la agenda de Conbici, es decir, “en tanto se construyen más infraestructuras para poder diferenciar el tráfico motorizado del ciclista, como carriles bici.”

COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes (24 febrero 2011)

Que el ministro Rubalcaba haya tenido que interceder en el despropósito del anuncio de la DGT de permitir a las bicicletas circular por las aceras es significativo de la trascendencia del asunto. Podremos seguir divagando sobre ello, y muchos lamentándose de la ilusión de una “conquista” que nos dejaba en ridículo delante de todo el mundo, pero el tema de que los ciclistas anden por las aceras es, a día de hoy, el asunto más grave que aqueja nuestro ciclismo urbano.

Es fácil decir que la calzada es más segura, pero eso sólo convence al ciclista experimentado. Para los que se quieren incorporar, una avenida de muchos carriles es un reto y representa una prueba que muchos no quieren afrontar. Y no digamos nada si tiene algo de pendiente desfavorable. Es por eso por lo que muchos, incluso en contra de lo que dicen las ordenanzas, siguen utilizando las aceras para muchos de sus trayectos. Y van involuntariamente agrediendo a los peatones, restándoles tranquilidad, condicionándoles su forma de desenvolverse en las aceras.

Está claro que el tráfico en nuestras ciudades se ha ido ordenando de acuerdo a las demandas crecientes del uso del automóvil y que, aunque se hagan intentos decididos, va a tener que pasar bastante tiempo para que, poco a poco, metro a metro, limitación a limitación, los coches vayan perdiendo la preponderancia que hemos dejado que tengan en estas últimas décadas.

Va a ser lento y difícil el tránsito hacia un nuevo modelo, pero, lo que no puede hacerse de ninguna manera, es discriminar aún más a los peatones. Ni por activa ni por pasiva. Es la frontera que no se puede cruzar. En la noticia el ministro corregía es “desliz” de la cúpula de la DGT y “aclaraba” que los ciclistas podrán circular en las aceras donde haya carriles bici.

Esto, que para algunos es dejar las cosas como estaban, sirve para legitimar, dar cobertura y de alguna manera promover las aceras bici como infraestructura, lo cual encierra también un vicio: que las bicicletas circulen en la misma plataforma y en competencia con los peatones y no en el espacio que les corresponde, en el tráfico. Es obviar que las bicicletas son vehículos, es condicionar los tránsitos peatonales. Pero, después de “lo otro”, parece que no sea tan grave.

Por este camino, nos va a costar mucho más darle a la bicicleta el espacio y la funcionalidad que se merece en los grandes ejes conectores y en las cuestas.

La guinda a este desaguisado la pone ConBici con sus medias tintas y con su discurso posibilista donde mezcla el sangrante tema de las aceras con la relación entre ciclistas y peatones en espacios peatonales. Dos cosas categóricamente distintas.

Aún queda mucho por hacer.

Hacer un uso anecdótico de la bici en la acera no representa un problema. Sin embargo, el uso de la bici como medio de transporte por la acera se ha masificado en la mayoría de ciudades españolas, originando situaciones molestas y peligrosas que pueden solucionarse perfectamente circulando en la calzada; también para ciclistas, que cada vez más acaban siendo atropellados cruzando pasos de peatones, ya que aparecen a velocidades superiores a la de los peatones imposibilitando así que el resto de conductores los perciban en su campo visual para cederles el paso. Los conductores noveles de cualquier vehículo tienen miedo también y no por ello modificamos el Reglamento General de Circulación para que los motoristas puedan circular de forma masiva por las aceras de más de 3 metros de ancho. El número de ciclistas urbanos seguirá creciendo de forma imparable. Sin embargo, las políticas de promoción del uso de la bici basadas en carriles-bici (o en nada) tienen como resultado la invasión ciclista de las aceras debido a que los nuevos ciclistas siguen sin conocer cómo conducir su bici por el resto de calles sin carril-bici -incluso en calles 30 – y continuarán su trayectoria por la acera o posicionándose en lugares donde se multiplican los riesgos. Todo ello, mientras no se apueste por la formación para que el aspirante al ciclista conozca los riesgos, sepa evitarlos, pierda el miedo y sea autónomo con su bici por la calzada de cualquier tipo de calle.

A continuación algunos comentarios sobre la postura de ConBici sobre la circulación ciclista por las aceras (ConBici, 23 febrero 2011):

“Los usuarios representados por la Coordinadora ConBici preferimos evitar las aceras, pero transitando por ellas en condiciones adecuadas, ayudan a la promoción de la bicicleta y consideramos positiva la regulación de su uso en la reforma del Reglamento General de Circulación(…)”

Según ConBici, las aceras ayudan a promocionar la bici si se circula por ellas en condiciones adecuadas. Sin duda, les ha subido la fiebre por las infraestructuras para promocionar la bici, ahora dotan también a las aceras este carácter. ¡Un hurra por las aceras!. Pero, ¿cuáles son esas condiciones adecuadas con las que frotar a las mágicas aceras? ¿ConBici prefiere evitar las aceras porque quiere ceder el éxito del magnífico resultado de frotarlas? Y claro, como el espacio es reducido, es positivo regular este gran número de bicicletas en la acera, ya que, de lo contrario, los jueces no se sabrán a que atenerse ante las fricciones que surjan entre ciclistas y peatones.

“(…) En tanto se construyen más infraestructuras para poder diferenciar el tráfico motorizado del ciclista, como carriles bici o señalización y cumplimiento de zonas 30, creemos positivo poder pedalear en aceras suficientemente anchas o en cualquier zona no motorizada o peatonal (…)”

¿La señalización y el cumplimiento de zonas 30 son infraestructuras para poder diferenciar el tráfico motorizado del ciclista? Esto debe ser un nuevo descubrimiento de los expertos que trabajan dentro de los grupos de trabajo de ConBici. En estas condiciones, sabrán responder a la pregunta: ¿cuánto de anchas deben ser las aceras para circular en bici por ellas? ¿estrechas como un carril-bici (1.2 metros por sentido)?

“(…) En estos espacios, el ciclista deberá respetar en todo momento la preferencia del peatón, y si no puede rebasarlo a velocidad de viandante en condiciones de plena seguridad, respetando una distancia de 1 m. del peatón y de la fachada, deberá desistir de intentarlo hasta que se den las condiciones óptimas. Con esta norma no sería ni molesto ni mucho menos peligroso para ningún ciudadano mientras ejerce de peatón. Más bien ayuda al fomento de la bicicleta.(…)”

Ah, parece que se deciden a describir las condiciones con las que hacer que las aceras multipliquen el número de bicicletas. Teniendo en cuenta estas condiciones de circulación por las aceras y el gran número de ciclistas que la acera va a reproducir, podemos asegurar que se van a producir grandes colapsos de tráfico ciclista bien diferenciado del tráfico a motor. Umm… parece que este fomento de ciclistas no sirve para desplazarse muy cómodamente ni en bici, ni caminando.

“(…) Ante todo queremos decir alto y claro que nuestra lucha prioritaria es la seguridad de los ciclistas y de otros modos de transporte incluidos los peatones. Lo que ConBici reclama con mayor énfasis son más espacios para las bicicletas en la calzada o mayor seguridad ya sea mediante carriles bici o zonas 20, 30, residenciales, etc. y más zonas peatonales para reducir la presión del automóvil en la ciudad (…)”

Uff, cada vez me confunden más. Parece el mundo al revés: las aceras suficientemente anchas, los carriles-bici no son estrechos y la calzada no tiene espacios….. No puede ser. ¿Dónde viven? Las calzadas que conozco son bastante anchas donde un ciclista que sabe posicionarse puede esquivar obstáculos perfectamente, sin embargo, las aceras y carriles-bici por donde he visto a ciclistas me parecen muy estrechos como para alcanzar 15Km/h y esquivar obstáculos. También he visto en las zonas 30 a ciclistas circulando pegados a la derecha (en la zona de apertura de puertas de los coches aparcados). Los miembros de ConBici deberían comenzar a estudiar lo que significa la zona de incertidumbre de un ciclista.

“(…)Pero si apoyamos y alentamos más espacios peatonales, no es a costa de reducirnos nuestro espacio vital. Es para que la ciudad sea más limpia y despejada de malos humos. Afortunadamente las tendencias urbanisticas van en ese camino, pero por falta de hábito se olvida la bicicleta en los paises como el nuestro, donde no existe la cultura de utilizarla y se tiende a verla como una amenaza en vez de como una oportunidad (…)”

¡Pero bueno, qué manera de dar la vuelta a la tortilla!. Estamos hablando de la amenaza que supone la circulación masiva de ciclistas por las aceras y le dan la vuelta al asunto presentándose como víctimas que sufren un acoso sobre la reducción de su espacio por parte del creciente espacio peatonal que está ocupando por completo nuestras ciudades….¡Socorro!

“(…) Los ciclistas, no queremos circular normalmente por las aceras. Es más incómodo también para nosotros por no ser nuestro espacio natural. Pero la prebenda de poder hacerlo es legítima en cuanto a que colaboramos con el medio ambiente y la calidad del aire que todos respiramos (…)”

Ah, claro. Ahora lo entiendo: la acera es incómoda para los peatones (¿no acabo de leer en el tercer párrafo que no sería ni molesto ni mucho menos peligroso para los peatones?) y también es incómoda para circular en bici y, por eso, ayuda a promocionar el uso de la bici. Los servicios ambientalistas más experimentados de ConBici han observado que por la acera circulan personas que no echan humo… ¡ah, los ciclistas tampoco echan humo! Pues venga, a la acera también. Esto es lo que se dice un argumento de peso, si señor. Que los peatones tengan que andar con retrovisores o que tengan que salir de sus portales mirando a cada lado como si de la calzada se tratara no importa porque los ciclistas no echan humo.

“(…) En unas zonas peatonales cada vez más amplias, no podemos condenar a los ciclistas que acceden a ellas a ir caminando y tirando de la bicicleta. Tampoco a que la aparquen extramuros a esa zona y que caminen. A la bicicleta hay que incentivarla con ventajas. Puede llegar puerta a puerta. El trabajador la vigila en su calle mientras la tiene aparcada. Quien va de compras con ella la ve desde dentro del comercio y carga su compra en ella. Y esas ventajas son universales y democráticas. Es decir, para todos los que quieran ejercerla, no sólo para “los ciclistas”. En esta foto de Nantes…. ¿sería lógico parar a esta señora y sancionarla, dado que circula por una zona peatonal?. ¿A quien molesta? (…)”

¡Socorro, la marea peatonal acecha nuestras ciudades!

Ciclista arrastrando su bici, como si fuera Cristo arrastrando su cruz

Ciclista arrastrando su bici, como si fuera Cristo arrastrando su cruz

Ciclista arrastrando su bici, como si fuera Cristo arrastrando su cruz

Ciclista arrastrando su bici, como si fuera Cristo arrastrando su cruz

Ambas fotos copiadas de Aprendido a andar con la bicicleta… en la mano, Bicicletas, ciudades, viajes… (3 enero 2011)

“(…) Estamos de acuerdo en diferenciar zonas peatonales (o zonas no motorizadas) y aceras. Pero ese es otro caballo de batalla. (…)”

Pues no lo parece, ya que para justificar la circulación por aceras no hacen más que presentar ejemplos de calles peatonales o no motorizadas.

“(…) En un medio nacional de comunicación, en el enfrentamiento al que nos sometieron pensamos que forzadamente con el representante de la Asociación de peatones Andando, este dijo: “Nosotros tememos que se entienda que los ciclistas pueden ir por cualquier acera…”. Y ese temor lo tenemos nosotros pero al revés, que el titular se simplifique a: “Los ciclisitas podrán ir por las aceras”, con el consiguiente revuelo entre los que nunca montan en bicicleta (lo que ha sudecido tras las Jornadas de Córdoba de Febrero de 2011). La educación necesaria para poder hacerlo en adecuadas condiciones, es una de las asignaturas pendientes, pero también llegará con la práctica y con adecuadas campañas de concienciación y educación estatales, autonómicas y municipales (…)”

Las condiciones adecuadas para circular en bici por las aceras (aunque sea incómodo) y que logran que la acera promocione el uso de la bici serán el contenido que deberá enseñarse a los ciclistas para que se comporten adecuadamente en las transitadas aceras. Aunque esta necesidad todavía es una asignatura pendiente… ¡Maldita sea! No pasa nada, con la práctica los peatones terminarán por acostumbrarse a la fuerza y las campañas de concienciación de todas las administraciones: “Acostúmbrese peatón, lo hacemos por la sostenibilidad”

“(…) En realidad las aceras (y sólo las anchas, habitualmente en avenidas principales y con mayor número de carriles y tráfico motorizado más veloz), no las queremos para realizar los grandes trayectos, más bien en trayectos cortos para llegar a lugares concretos y por qué no, para que los ciclistas menos avezados o los niños empiecen a coger, apartados del tráfico motorizado, la confianza necesaria para mezclarse posteriormente con él. Todo esto sin menoscabo de que en aceras con suficiente espacio o en cualquier zona no motorizada donde el ciclista deberá respetar en todo momento la preferencia del peatón, y si no puede rebasarlo en condiciones de plena seguridad y a la velocidad propia de un viandante y una distancia de 1 m. del peatón y de la fachada, deberá desistir de intentarlo hasta que se den las condiciones óptimas (…)”

No hay quien se aclare. En el primer párrafo dicen que ellos prefieren evitar las aceras, en el sexto párrafo dicen que son incómodas, y ahora dicen que las quieren para trayectos cortos. ¿Con anchas se refieren a 3 metros?

“(…) Bajo nuestro criterio, los niños menores de 12 años podrían ir siempre por las aceras, solos o acompañados de un adulto, como en otros países en los que a los niños les está prohibido ir por la calzada en cualquier situación (…)”

Otro pedazo de argumento: como en otros países prohíben a los menores de 12 años circular por la calzada en bici…. ¿No sería más lógico decir que no comparten tampoco que en otros países se prohíba la circulación en bici por la calzada a los menores de 12 años? ¿El permiso que desean para circular por las aceras es para los menores de 12 años o para los adultos irresponsables que siguen comportándose como menores de 12 años mal criados que quieren seguir siendo seres absolutamente dependientes que denigran a la especie humana rechazando su propia autonomía, negándose a aprender a conducir su vehículo y a conocer y saber evitar los riesgos intrínsecos del tráfico? Así es, prefieren vivir en su burbuja sostenible en la acera molestando a peatones, pese a quien le pese, mientras el papá estado no le haga la alfombra roja merecida por no echar humo: ¡una bici más, un peatón menos!

FUENTE: Plan 30 Oviedo

Que decidan los vecinos. Ésa es la actitud del Ayuntamiento acerca de la polémica abierta a cuenta del carril bici en La Corredoria. El concejal de Urbanismo, Alberto Mortera, planteará a la junta vecinal a mediados de la semana que viene esta disyuntiva: carril bici o aparcamientos y zona 30.

[...]

Ayer mismo, el portavoz de la junta vecinal, Jesús Valles, se pronunció a favor de la segunda alternativa: aceras más anchas y zona 30. «No es de recibo que haya un carril bici de metro y medio y una acera de 80 centímetros», y eso sucede, lo que es más grave, destaca, «en una de las zonas más pobladas y transitadas del barrio, en las inmediaciones de la iglesia de San Juan, donde hay supermercados, bancos y la mayor concentración de servicios». Valles se refiere, concretamente, a la plaza de Cuatro Caños.

Mientras el Ayuntamiento intentaba llegar a una decisión, los colectivos ciudadanos tomaban la iniciativa, y el martes que viene, día 22, representantes de Asturias con Bici y de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Oviedo se reunirán para pactar unos criterios generales que faciliten la convivencia entre ciclistas y peatones.

Acera-bici Avenida de Andalucía (Granada)

Acera-bici Avenida de Andalucía (Granada)

FUENTE

Según EFE, ayer 22 de febrero, Alfredo Pérez Rubalcaba ha corregido el anuncio hecho el pasado viernes en Córdoba por la Dirección General de Tráfico (DGT), en el cual se avanzó que la reforma del Reglamento General de Circulación permitiría la circulación de bicicletas por las aceras si éstas tienen más de tres metros de anchura y siempre que mantengan una distancia mínima de un metro respecto de las fachadas de los edificios.  El vicepresidente primero del Gobierno y ministro del Interiorde ha matizado que dicha autorización estará condicionada a que las aceras cuenten con carril-bici.

Aunque actualmente existe la prohibición genérica de circular por las aceras para cualquier vehículo, en la práctica muchos Ayuntamientos burlan la normativa y permiten la presencia de bicicletas fuera de la calzada -incluso con el respaldo del Tribunal Supremo que ha dictado sentencia en favor de la red de aceras-bici de Sevilla ya que, según este tribunal si un carril-bici ocupa una acera, ésta ha dejado de tener el carácter de acera, por lo tanto, el ciclista ya no está circulando por la acera (El Tribunal Supremo regalará retrovisores a los peatones, Ciudad Ciclista 30 noviembre 2010)-

Es decir, la próxima reforma del Reglamento General de Circulación legalizará las desastrosas aceras-bici que han plagado las ciudades de nuestro país gracias a las nefastas políticas de promoción de la bicicleta y que en la actualidad están vulnerando su artículo 121.5 que prohíbe la circulación de vehículos por las aceras .

Todos sabemos que las aceras-bici han destruido el espacio peatonal,  han convertido a los ciclistas en pseudopeatones que llevan un juguetito, han reducido la velocidad de la bicicleta en la ciudad destruyendo su potencial como medio de transporte, han provocado numerosos accidentes graves hacia peatones (pero también hacia los ciclistas, atropellados en los pasos ciclistas que hay junto a los pasos de peatones), han incentivado el uso de la bici en el resto de aceras sin carril-bici (al finalizar el carril-bici, al escoger otro itinerario… ya que muestra al nuevo ciclista cuál es su lugar – todo ello, por su puesto, sin promocionar la autonomía del ciclista para circular por la calzada conociendo los riesgos y sabiendo evitarlos) y, además han sido construidos en aceras de menos de tres metros de anchura (aunque esto es lo de menos).

COPIADO DE: Blog de Alcorcón (21 febrero 2011)

La Dirección General de Tráfico (puede que la Dirección más importante entre todas las de la burocracia del estado —que serán unas cuantas—, dado el papel tan esencial de éste de ordenar algo de tanta enjundia como es el tráfico de, a su vez, algo de tanta importancia para el estado como los automóviles), más conocida como Degeté, podía haberse circunscrito, para la ordenación, otra más, a una medida tan razonable como la limitación a 30 km/h de la velocidad automovilística en ciudad. Velocidad máxima, por otra parte, que no tendría que impedir que en algunas zonas o calles fuera incluso inferior. Aparte de otros beneficios, uno que me parece claro de esta medida es el facilitar mucho la circulación de bicicletas por la calzada.

Pero no. Insatisfechos con hacer las cosas bien y como si estuvieran pidiendo perdón a los coches por tal limitación y quizás tratando de compensarles, la han tenido que fastidiar y van a disponer que las bicicletas puedan circular por las aceras —en teoría por las de más de tres metros de ancho. De hecho, por cualquier acera—. Otra vuelta de tuerca en contra del peatón. Otro incordio más en contra de él, que verá asaltado, violado, usurpado lo que tendría que ser su territorio sagrado, territorio en el que el peatón tiene que ser señor.

Por muy bien que intenten regular la circulación de las bicis por las aceras, y aun en el mejor de los casos en que las normas se cumplan, será un riesgo y una molestia para el peatón. Me pregunto, por ejemplo, y es sólo eso: un ejemplo de los muchos que se podrían poner, qué puede ocurrir en las esquinas, en las que te puede salir una bicicleta por un lado. (A mí hace unos años, creo que ya lo he contado en otra ocasión, me salió un mamarracho en moto por la acera al ir yo a dar la vuelta a una esquina: ¿que no es lo mismo una moto que una bici? De acuerdo, pero también estas pueden hacer mucho daño y pueden asustar de muerte).

En Alcorcón han construido hace poco, de hecho creo que no han terminado aún, un carril-bici —acera-bici— monísimo, quitando terreno a las aceras, de diseño modernísimo, que apenas nadie utiliza (los domingos por la mañana, y poco más, algunas familias que pedalean unidas), no por nada sino porque apenas si hay afición y mucho menos aún como medio de transporte, a pesar de lo que el Ayuntamiento diga de integrar la bicicleta en la circulación y bla, bla, bla. Y menos mal que apenas hay bicicletas, porque esto será lo único que nos ponga a salvo a los peatones del disparate que, al parecer, está a punto de cometer la susodicha Degeté. Me adelanto a posibles justificaciones —ahórrense comentarios en este sentido—: en los países denuestroentorno ya se hace. Me la bufa semejante atentado contra el peatón, aunque ya se perpetre, si así es, en esos países.

COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes (21 febrero 2011)

Vaya por delante que me parece loable el esfuerzo que está haciendo la DGT por intentar regular la realidad en la que se ha convertido la circulación ciclista, tratando de contrarrestar la discrecionalidad y la falta de unidad de criterio que se ha puesto de relieve en los últimos años, después de que se desatara la vorágine del fomento de la bicicleta en nuestro país. Creo que cualquier ley debe ajustarse a la realidad y debe recoger su casuística, y si está obsoleta debe actualizarse. Hasta ahí bien.

El problema es que el asunto es complicado, contradictorio y multicircunstancial. Esto es, hay situaciones que por definición son irreconciliables y tratar de recoger en un solo código a todas ellas es proponer una norma inaplicable.

Este es el caso de nuestras queridas bicis y sus pretendidos espacios de circulación. La calzada, los carriles bici y las aceras tienen códigos distintos que es prácticamente imposible unificar, y, si lo es, entonces estaremos damnificando gratuitamente a los más débiles. Como siempre. En este caso, a los peatones.

La calzada se rige por el Código de la Circulación. Esa norma que se aprende en las escuelas y en las autoescuelas en lo que se ha dado por llamar Educación Vial. No es sencilla, pero es universal y por tanto es la mejor. No necesitar permiso de conducción para circular por ella salvo si se utiliza un vehículo motorizado no exime de su conocimiento y seguimiento, así que cualquiera que se incorpora a una carretera debe hacer observancia de esta ley. Esta se puede modificar y la propuesta de reducir la velocidad a 30 kms/hora en aquellas vías urbanas con un solo carril por dirección va en este sentido, como la recomendación de que los ciclistas circulen por el centro del carril en las mismas.

Los carriles bici recogen toda una serie de tipologías diferentes de vías exclusivas para bicicletas sobre las que no existe ningún criterio a la hora de implementarlas, catalogarlas, categorizarlas y ordenar su uso. Hay arcenes señalizados, hay carriles balizados, los hay con defensas, hay otros que se habilitan en la calzada pero con coches aparcados a la derecha (o a la izquierda), los hay que se hacen en aceras, hay vías dedicadas y hay pintadas de todos los tipos y gustos. Sin mencionar las anchuras de dichas vías. Eso además de que, en toda esta variedad, las hay unidireccionales y bidireccionales. Esta falta de criterio y esta diversidad hace que los carriles bici no sólo sean inclasificables, sino imposibles de regular, ya que la casuística es infinita. El Código de Circulación no vale y no hay ninguna norma estatal que los regule. La DGT, de momento, tampoco se ha pronunciado al respecto.

Y luego están las aceras. Las aceras, por definición, son espacios reservados a los peatones para su tránsito y disfrute. No se rigen por más leyes que las que le otorga esa exclusividad. No deberían ser objeto de regulación, de señalización ni de condicionamiento, porque son los “refugios” de las personas que caminan, que paradójicamente son también la mayoría en nuestro país. Afortunadamente. Aunque parece que, no sé por qué extraño motivo, queremos que deje de ser así. De manera que entrar a debatir si son 3 ó 6 los metros necesarios para que los ciclistas compartan dichos espacios con los caminantes es una cuestión irrelevante si obviamos la mayor, que es que vamos a desahuciar a los peatones, relegándolos a una marginalidad sin precedentes, incluso en nuestra lamentable historia. Aunque se haga con condiciones.

Tratar de regular con una norma estas tres categorías de espacios, sólo por el bienaventurado capricho de tenerlo todo bajo control es una pretensión que encierra un peligro: perjudicar al más debil. Que eso se haga bajo el pretexto del mal menor o de la temporalidad no resta gravedad al propósito. Esto es como querer jugar a la vez al parchís, a la oca y al ajedrez con una sola norma. El “3 en uno” no va a servir esta vez.

(Capítulo aparte merecen las intersecciones entre las tres, pese a que sean los puntos donde de mayor accidentabilidad y de mayor gravedad en los accidentes urbanos en los que se ven involucrados ciclistas. Y donde se producen la mayoría de las muertes de éstos al incorporarse a la calzada de una manera fortuita. De éstas tampoco habla la DGT)

Lo peor es que se hace con buena voluntad y con ánimo conciliador y constructivo. Y digo que es lo peor, porque no hay nadie más peligroso que el bienintencionado, ya que no tiene conciencia del mal que puede estar provocando.

No quiero abundar en este tema ni entrar a diseccionar lo que de momento no se ha presentado más que como una propuesta. Pero lo tremendo del asunto es que, con la excusa de querer defender a los ciclistas de un peligro que está por demostrarse con datos objetivos que exista en las carreteras, podamos comprometer la seguridad de los peatones y podamos cambiar la naturaleza de sus espacios de una manera irreparable… y las asociaciones ciclistas no estén tratando de hacer nada por remediarlo.

Me surge una última cuestión ¿alguien conoce algún precedente de normativa en algún país del mundo que permita expresamente a las bicicletas circular por las aceras?