COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes… (20 febrero 2011)

Pero no me queda otro remedio. A base de sacar las cosas de quicio voy a acabar sorprendiéndome de las posiciones que hay que acabar tomando en lo que en principio era una tarea sencilla: defender los derechos y los intereses de las personas que quieren utilizar la bicicleta como medio de locomoción.

Hablo del “notición” que ha producido la DGT al anunciar que van a permitir circular a las bicicletas por las aceras de más de 3 metros. La chispa ha encontrado explosivo y ha servido de detonante de una bomba cuya onda expansiva sólo ha mostrado un atisbo de su potencia.

El problema es que muchos defensores de la bici, la mayoría, lo han recibido con regocijo, como una conquista histórica, sin reparar en las consecuencias que esto puede conllevar para ellos y para sus conciudadanos. Ninguna voz responsable y representativa desde el mundillo ciclista ha salido al paso para criticar este despropósito y devolver un poco de juicio y sentido común. No. Están callados. No hay mayor tirano que el que siempre se ha sentido sometido.

El caso es que los que sí han salido al paso de esta propuesta han sido peatones y automovilistas.

Los peatones, representados por Andando, creen que la normativa que prepara la DGT es “totalmente ambigua y terminará fomentando un uso generalizado de las bicicletas en el conjunto de las aceras por parte de un nuevo colectivo ciclista con miedo a circular por las calzadas”. Por ello, considera que sólo debe permitirse la circulación de bicicletas por zonas compartidas con los peatones en casos muy concretos “que deberían ser en todo caso excepciones”.

Los automovilistas, dueños y señores del tráfico y teóricamente interesados en “quitarse estorbos” de la carretera, sin embargo nos sorprenden y, en vez de quedarse callados ante semejante oportunidad, prefieren hacer declaraciones. Así la portavoz Comisariado Europeo del Automóvil (CEA) denuncia que permitir bicis por la acera “traslada inseguridad al peatón”. Impecable. También el RACC, ese gran club de automovilistas, sale al paso de la noticia declarando que esta “no es la dirección correcta, se está intentando dar cobertura legal a una práctica que no es la ideal”. Aunque luego lo estropea aclarando que “lo ideal es que haya carriles bici, que las bicis no estén cerca de los coches, porque hay unos riesgos evidentes de atropellos y de lesiones graves para los ciclistas y que no estén en los espacios reservados a los peatones porque hay gente mayor, hay niños y acabará habiendo conflictos”. En su opinión, las bicis tienen que “bajar a la calzada. Hay que hacer carriles bici segregados”. Parecen asociaciones pro-carril bici. Demencial.

Si estos son los “enemigos” de los ciclistas… ¿para qué queremos amigos como la DGT?

Voy a acabar creyendo que los verdareros enemigos de los que quieren andar en bici son los que quieren que la gente ande en bici por decreto, por ley y de acuerdo a unas lógicas totalmente artificiosas.
¿Convivencia o reglamentación?

Esta es la cuestión. La bicicleta, pese a llevar más de 100 años con nosotros, debe ser todavía menor de edad, ya que hay que regularla, supervisarla, reglamentarla, porque sola parece que no sabría desenvolverse. Es una responsabilidad de todos, los mayores, velar por la seguridad de las personas que la usan, como si fueran inútiles o incapaces de tomar las decisiones correctas por el solo hecho de atreverse montarlas. Y así algo que era totalmente natural, andar en bici, se está convirtiendo en la práctica más antinatural, extraña y difícil que se conoce.

Cuando hace tan solo 5 años alguien quería coger una bici para dar una vuelta, lo hacía y punto. No pasaba nada.  Si sabía iba por la calle, por la calzada, si no hacía sus pruebas. Todos, absolutamente todos, utlizábamos en algún momento las aceras y otros espacios peatonales, pese a saber que no estaba permitido (salvo si eras un chiquillo). Se hacía con el cuidado que tiene cualquier transgresor que sabe que le pueden llamar la atención. Y así se lograba el difícil equilibrio de la convivencia. A través del entendimiento en los distintos escenarios. Algo que se sabía frágil, que había que cuidar, que había que ganarse en cada maniobra, en cada trayecto, con cada gesto. Era una actitud. Y funcionaba.

Algo ha pasado en los últimos años que nos ha vuelto más quisquillosos, más irresponsables, más necios o más insolentes. Algo que nos hace ver peligros y enemigos donde antes no había más que un espacio común y personas, más o menos razonables, desplazándose por él. Algo que ha hecho que la convivencia, el respeto, el sentido común, las reglas sociales no escritas, la empatía o la dignidad no sirvan para relacionarse. Algo que nos obliga a entendernos sólo a través de leyes, reglamentos, ordenanzas y decretos, que resolvemos con denuncias, sanciones, multas, resoluciones o sentencias.


¿Cómo hemos llegado a esta situación?

Da pena recordarlo, pero ahora me viene a la memoria la consigna que utilizábamos hace 15 años, cuando esto del ciclismo urbano estaba mucho más en mantillas que ahora: “CONVIVIR Y CIRCULAR”. Menudo disparate.

¿O es que acaso nos estamos inventando los problemas? ¿O los estamos sobredimensionando?

TEXTO COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes (19 febrero 2011)

Ya está anunciado. Lo hizo Pere Navarro, el flamante Director General de la DGT, en la inauguración de las II Encuentro de Ciudades para la Seguridad Vial, organizado por ellos en colaboración con la Federación Española de Municipios y Provincias y celebrado en Córdoba esta semana, y lo subrayó Ramón Ledesma, Subdirector General de Ordenación Normativa de la misma entidad.

La DGT va a entrar a regular el caos normativo que aqueja la circulación de las bicicletas en la ciudad. Y lo va a hacer para promocionar el uso de la bicicleta como vehículo prioritario en medio urbano.

La “buena nueva” ha generado un auténtico revuelo mediático, también en las redes sociales. La euforia se ha apoderado del ciberespacio y las reacciones en cadena no se han hecho esperar. La actividad ha sido frenética. ¡Por fin! Todos lo estábamos esperando… y ha llegado.

Sin embargo, esta noticia, que ya había sido anticipada por ambos directivos en el pasado Congreso de la Bicicleta de Lleida, trae dos medidas contradictorias:

Limitar la velocidad a 30 kms/hora en las calles de un carril por sentido y en las que se va a recomendar a los ciclistas circular por el centro del carril

y
Permitir a los ciclistas circular por aceras de más de 3 metros siempre que lo hagan guardando una distancia de seguridad mínima de 1 metro de las fachadas

Si bien lo primero representa un paso adelante en la ordenación del tráfico urbano y en el reconocimiento de la circulación ciclista en calzada, a pesar de que aún no sabemos si la recomendación al ciclista de ocupar un carril va a ser extensible a todo el viario, la segunda gran medida tiene unas consecuencias terribles. Por un lado condiciona el libre tránsito de los peatones por su espacio natural, hasta ahora no regulado, incorporando vehículos en dos direcciones en el mismo. Pero lo que es peor: normaliza la circulación incondicional de las bicicletas por las aceras. Un auténtico disparate.

Esta es una decisión que se me antoja crucial en la más que cuestionable trayectoria acelerada de este país hacia un nuevo estilo de movilidad. Está claro que hemos perdido la perspectiva debido al paréntesis que hemos sufrido al discriminar y casi abandonar el uso de la bicicleta durante las últimas cinco décadas, pero eso no nos da derecho a ponernos en ridículo delante de todo el mundo cuando queremos rehabilitarla. La generación que nos gobierna (y no me refiero sólo a los pobres políticos) no tiene a la bicicleta en su universo, porque la recuerda con ojos infantiles. Han dejado de usarla y, ahora que se les encarga recuperarla a toda prisa, les da miedo recomendar a la gente circular en lo que es su espacio natural: el tráfico. Su Tráfico.

No quiero insistir más en argumentos que he repetido hasta la saciedad.

Creer que la mejor forma de fomentar el uso de la bicicleta en un país de arraigada cultura peatonal es hacerlo discriminando a los peatones es un error histórico, incluso si se plantea como una medida provisional.
No hacen falta más bicicletas en nuestras ciudades, hacen falta menos coches

Si no nos damos cuenta de esto, podremos estar incrementando el número de ciclistas a costa de reducir el de peatones y además, en esa conquista, estaremos legitimando la circulación de bicicletas en las aceras y desnaturalizando su circulación en la calzada, para beneficio de los automovilistas.

Es necesario despertar a este hecho y reconocer de una vez por todas qué es lo que pretendemos, porque si no los Señores del Tráfico nos van a desahuciar a ciclistas y peatones de un plumazo, sumiéndonos en una guerra fratricida sin precedentes en la historia. Y además lo van a hacer legitimados y bendecidos por parte del colectivo ciclista, en su ceguera colaboracionista, que sólo persigue incrementar el número de bicicletas y símbolos bici a cualquier precio, caiga quien caiga.

Todavía estamos a tiempo de reconducir este desastre. Desde aquí apelo al sentido común de ConBici, cuya asamblea se reúne el próximo fin de semana en Donostia, para que reflexionen sobre ello.

FUENTE: Biciescuela Granada

El 17 y 18 de febrero la DGT informó de algunas de las novedades que se incluirán en la próxima reforma del Reglamento General de Circulación, entre estas encontramos las siguientes (Público 18 febrero 2011, El País 18 febrero 2011):

1- En zona urbana, límite de velocidad será de 30 Km/h en todas las calles de único sentido y en las de un carril por sentido.
2- En estas calles las bicicletas tendrán prioridad sobre el resto de vehículos y podrán ocupar el centro del carril.
3- Las bicicletas podrán circular por las aceras de más de 3 metros de anchura.

1- En zona urbana, límite de velocidad será de 30 Km/h en todas las calles de único sentido y en las de un carril por sentido.

La justificación de esta medida es el número de fallecidos en zona urbana debido a los accidentes de tráfico (47.500 accidentes en el año 2009):

- PEATONES: 269 fallecidos y 1.500 heridos.
- MOTORISTAS: 181 fallecidos y 2.300 heridos.
- CONDUCTORES DE COCHE: 101 fallecidos y 1.000 heridos.
- CICLISTAS: 13 fallecidos y 200 heridos.
(FUENTE: La Razón, 17 febrero 2011)

Rebajar el límite de velocidad a 30 Km/h es una medida positiva que puede reducir los daños de los accidentes, aunque no por ello se eviten. Su resultado puede ser una reducción del número de fallecidos y, por ello, esta medida beneficia a todos los vecinos de las ciudades. Aunque, todavía no sabemos de qué manera las autoridades harán cumplir esta nueva normativa, teniendo en cuenta que actualmente no son capaces (o no quieren serlo) con el límite de 50 Km/h.

Por otro lado, hay que señalar que debido a las características propias la mayoría de calles donde se va aplicar esta medida no es posible alcanzar velocidades superiores, o de hecho, ya se estaba aplicando la normativa a través de las señales que limitan la velocidad a 30, 20 ó 10 Km/h.

También hay que tener en cuenta que la velocidad media de un vehículo motorizado en la ciudad puede rondar entre los 15 y 20 Km/h (dependiendo de la ciudad y la hora del desplazamiento). Sin embargo, cuando el tráfico es más fluido (por ejemplo, por la noche) pueden darse velocidades superiores a 50 Km/h en las calles y avenidas que por su propia estructura física lo permiten, siendo los infractores impunes ante los ojos de las autoridades. Es en este tipo de calles, donde se dan los accidentes con resultados más graves, precisamente donde no se van a aplicar el límite de velocidad de 30 Km/h.

2- En estas calles las bicicletas tendrán prioridad sobre el resto de vehículos y podrán ocupar el centro del carril

¿Qué significa tener prioridad sobre el resto de vehículos? ¿qué ocurre en el resto de calles? La normativa actual es más que suficiente para regular la convivencia de los vehículos en las calles. Según el Manual del conductor (DGT, página 103, Ed. Pons SL, Madrid), “(…) las vías deben de ser compartidas por todos aquellos que tienen derecho a usarla, y este derecho debe ser ejercido de modo que no se perturbe el de los demás(…)”. Por tanto, todos los vehículos (con o sin motor) deben respetar al resto de vehículos y regirse por las normas generales sobre circulación y tráfico en todos los lugares. Todos los vehículos tienen la obligación de reducir su velocidad cuando detectan que hay otro circulando a velocidad menor, y solo lo podrán adelantar cuando sea posible hacerlo de forma segura. Por lo tanto, no es preciso dotar a los ciclistas estos privilegios que, finalmente, tan solo crean mayor confusión.

Por otro lado, la reforma del Reglamento General de Circulación permitirá a los ciclistas ocupar el centro del carril en calles de un único sentido y en calles de un carril por sentido (es decir, las limitadas a 30 Km/h). Creemos que es una medida muy buena que clarifica cuál es el lugar que debe ocupar la bicicleta en la calzada, y lo hace colocando a la bici el lugar más seguro: el centro del carril por el que circula. Sin embargo, tal y como está expresada esta reforma, hacemos la siguiente pregunta: ¿por donde deberán circular en las calles de dos o más carriles por sentido? ¿pegados a la derecha?

En muchos de los periódicos que recogen esta noticia aparece un error común (La Razón, ADN), quizá influidos por la creencia errónea o por una antigua legislación que ya no existe. Todos estos periódicos afirman que actualmente los ciclistas en la ciudad deben circular por la derecha. Un agravio que observamos cada día cuando se observa que muchos ciclistas circulan pegados a la derecha colocándose en lugares donde se multiplican los riesgos. Sin embargo, según el actual Reglamento General de Circulación (artículo 36.1) “Los conductores de (…) ciclos, (…) en el caso de que no exista vía o parte de ella que les esté especialmente destinada, circularán por el arcén de su derecha, si fuera transitable y suficiente para cada uno de éstos, y, si no lo fuera, utilizarán la parte imprescindible de la calzada (…)”. La parte imprescindible de la calzada significa combinar dos elementos, el de entorpecer lo menos posible la marcha del resto de vehículos y el de circular con la máxima seguridad posible, y entre estos dos elementos es prioritario el de circular con la máxima seguridad posible. Para obtener una idea más amplia sobre esto recomendamos el texto en el que Javier Arias lo describe en su blog

Deberemos estar atentos para defendernos y no permitir que se nos obligue a circular por lugares en donde se multiplican los riesgos:

How to not get hit by cars, de Michael Bluejay

3- Las bicicletas podrán circular por las aceras de más de 3 metros de anchura.

En todas las ciudades españolas se está viviendo en los últimos años un aumento imparable del uso de la bicicleta como medio de transporte. Sin embargo, en las ciudades que han llevado a cabo políticas de promoción del uso de la bici basadas en carriles-bici urbanos y préstamo de bicicletas públicas, así como en las ciudades donde no ha habido ningún tipo de promoción, han tenido, como una de sus consecuencias directas, la invasión masiva de ciclistas circulando por aceras de todo tipo que ha creado graves molestias y accidentes. Consideramos que estos problemas están siendo ocasionados debido a que los aspirantes a ciclistas tienen miedo, del mismo modo que los aspirantes a conductores de cualquier otro tipo de vehículo pero con la diferencia de que los ciclistas comienzan a circular sin conocer los riesgos inherentes al tráfico con el que tienen que interactuar continuamente durante su trayectoria y, por ello, no saben cómo evitarlos. Por lo tanto, optan por circular invadiendo las aceras. Del mismo modo, los carriles-bici urbanos en ningún caso sirven para evitar los accidentes, ni hacen desaparecer los miedos al tráfico, ni tampoco ayudan a conocer los riesgos del tráfico con el que también tienen que seguir interactuando los ciclistas, ni mucho menos, enseñan cómo evitarlos, por lo que al finalizar el carril-bici o al escoger un itinerario diferente al marcado por éste (incluso al circular por calles con calmado del tráfico –limitación de velocidad a 30 Km/h en todas las calles de único sentido y las de un carril por sentido–) el ciclista seguirá sin saber cómo conducir su bici de forma segura, cómo posicionarse en la calzada, etc.; en general, seguirá sin saber cómo evitar los riesgos del tráfico. Por todo ello, la formación ciclista para adultos, así como para alumnos de secundaria es un pilar fundamental en cualquier tipo de promoción del uso de la bicicleta. (BICIESCUELA GRANADA, Propuesta Plan Metropolitano de la Bicicleta, febrero 2011)

Permitir el desplazamiento en bicicleta por las aceras de tres metros de forma generalizada y como norma, no hace nada más que legitimar las citadas políticas nefastas de promoción de la bici que se han llevado a cabo en la mayoría de las ciudades españolas que están perjudicando seriamente su arraigada cultura peatonal. Se está destruyendo la comodidad de los peatones que ven invadido su espacio por un vehículo, la bicicleta. Si se sigue por este camino, quizá el próximo paso será regular las características de los retrovisores que deberán incorporarse los peatones para andar por la ciudad.

Ciclistas circulando por un paso de peatones. EDU BAYER (Público, 18 febrero 2011)

Ciclistas circulando por un paso de peatones. EDU BAYER (Público, 18 febrero 2011)

TEXTO COPIADO DE: Europa Press (19 febrero 2011)

El foro de organizaciones peatonales Andando ha criticado la propuesta de la Dirección General de Tráfico (DGT) de permitir a las bicicletas circular en la acera, al entender que sólo debería estar autorizado a casos “excepcionales” como para los menores de edad o en determinados espacios y plazas.

En un comunicado, esta asociación ha resaltado que la propuesta de Tráfico es “totalmente ambigua” ya que, a su entender, “terminará fomentando un uso generalizado” de las bicicletas en las aceras por parte de un colectivo ciclista “con miedo a circular” por las calzadas.

“Además, muchos municipios eliminarán acerados para la construcción de carriles bici en vez de reducir el espacio dedicado a los vehículos a motor, aspecto verdaderamente preocupante que ya se está desarrollando en numerosas ciudades españolas”, ha añadido.

Así, la circulación de bicicletas por la calzada debería “prohibirse de manera clara” a través de legislaciones estatales y locales, puesto que se trata de vehículos “con características especiales”. Además, ha añadido que la prohibición también debería afectar a los ‘segway’ o al aparcamiento de ciclomotores en las aceras.

TEXTO COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes… (13 enero 2011)

No he visto la serie. No me gustan los zombies. Me producen aversión. Y no sólo los de ficción, me producen mucho más rechazo los que me cruzo todos los días en los distintos mundos en los que me muevo. Esas personas apáticas, rutinarias, oscuras, sin ilusiones, que no se relacionan, que no aprovechan el regalo de entenderse con los demás y hacer equipos. Esas personas que esperan que algo suceda en sus vidas, pero que no se esfuerzan en que eso ocurra. Esas personas son los verdaderos zombies de hoy en día. Y son mucho más peligrosos, siniestros y a la vez grotescos que los de la ficción.

En una sociedad zombificada por arte y gracia de toda una conjunción de intereses políticos y económicos, subsisten algunos movimientos sociales con carácter muchas veces más testimonial que otra cosa. Y no me refiero de los sindicatos, esos también han sido neutralizados hace años, no. Me refiero a las asociaciones. Y más concretamente a las asociaciones pro-bici, que son las que mejor conozco.

“Los zombies se comieron mi bicicleta” de CafePress Postals

Hace tiempo que la inmensa mayoría de las asociaciones de usuarios ciclistas no aportan nada a la sociedad. Y no porque no lo intenten. Creo que el problema básico del mundo asociativo es que ha perdido el norte, se ha quedado obsoleto, anquilosado. Las asociaciones ciclistas, mediatizadas bien por intereses partidarios, bien por una cúpula insidiosa y desconfiada, bien por personalismos insolentes, bien por fórmulas anticuadas, están fuera de juego.

Y no saben como incorporarse. Siguen aferradas a consignas, pasquines y “bicifestaciones” y no acaban de comprender que el mundo a su alrededor ha cambiado, y lo ha hecho de una forma decisiva. Ese mismo mundo que no ha contado con ellas para hacer las principales actuaciones relacionadas precisamente con su finalidad, que les ha desbordado. Aunque ellas, en su felicidad, creen que es mejor y que es una conquista suya.

¿Por qué hay tantos zombies?

Básicamente por el ombliguismo. Esa propiedad que tenemos las personas de mirarnos a nosotros mismos y creernos el centro del universo, que bien utilizada da muy buenos frutos, nos sirve también para aislarnos de la realidad y embrutecernos de una manera decisiva. Es demencial ver a esos activistas de la bicicleta defendiendo cualquier cosa a cualquier precio con tal de ver representada su bicicleta en una señal, en el suelo, en una pared, en una pantalla o en el periódico. Sin pensar, sin valorar, sin criticar. Hacen recordar la parte más estúpida de cualquier religión, venerando sus iconos. Esta cerrazón y egocentrismo de muchas asociaciones son las que les han llevado a donde están. Felices de entenderse entre sus miembros, pero cada vez más alejados de la realidad y cada vez más desactualizados.

Les ha pasado lo mismo a los partidos políticos y a los sindicatos, que no dejan de ser asociaciones de otro carácter, pero esas tenían sus intereses. El poder o la lucha por el mismo. De hecho, sobre todo los partidos políticos en nuestra raquítica democracia y sus máximos exponentes electos, han favorecido también la situación actual de las asociaciones, malinterpretando la representatividad y adjudicándose un derecho legitimado por las urnas para infringir su poder por encima de todo y todos. Y, en este ejercicio, han identificado a las asociaciones como competidores a los que había que neutralizar o fagocitar. De este modo, las han ido desgastando y desacreditando hasta que las han hecho desistir o las han tenido de su parte.

También es cierto que este mundo en el que vivimos está idiotizado. Pero eso es algo sistémico, inherente al orden económico global y a las inercias que ello ha generado, así que dejemos a los expertos, si es que los hay, que se devanen la cabeza en ello.

El caso es que el panorama resulta desolador. Tan sólo unas pocas asociaciones, que se pueden contar con los dedos de una mano, en nuestro país mantienen el tipo. El resto navegan sin rumbo, a merced del viento del “carrilbicismo” o del sol que más calienta (hoy probablemente las bicicletas públicas). Se han olvidado de la gente, de las personas, de sus deseos y de sus demandas. Porque ellos también han malinterpretado su misión y creen que su visionarismo es la verdad y desconfían de que alguien pueda venir a demandarles cosas diferentes.

El voluntarismo (no confundir nunca con el voluntariado) es otra de las enfermedades que han atacado de manera decisiva al nuestro pobre mundo asociativo. Esa visión de que cualquier cosa está bien simplemente porque es “hasta donde alcanzan nuestras ganas” es realmente perniciosa. Ese conformismo, que suele devenir normalmente en chapucismo y apocamiento, es mortal.

En este triste panorama hay algunas asociaciones que han decidido cambiar el rumbo

Y tratan de marcar un nuevo estilo. Una estrategia. No son asociaciones nuevas, pero tienen una visión diferente de la misión. Creen que las asociaciones deben ofrecer servicios tanto a sus asociados como al resto de la sociedad. Creen que el trabajo hay que retribuirlo (¡atrás $atán!) para poder exigir resultados, creen que deben tener propuestas propias, programas, proyectos, y creen que todo eso hay que financiarlo (¿otra vez?). Y se han puesto manos a la obra.

Pero se han dado de frente contra sus propios colegas las “asociaciones zombies”, que creen que se les está desposeyendo de algo que es suyo. Y son más. Y son mayores. Y no saben cómo combatirlas.  De hecho están perplejas porque se imaginaban que el enemigo, si es que existía, se encontraba en otra parte, no entre los suyos.

Y ahí andan. Trabajando a contracorriente entre sus homónimos. Decididas. A ver hasta dónde son capaces de llegar.

FUENTE: Biciescuela Granada (19 febrero 2011)

El objetivo de esta propuesta es facilitar el uso de la bicicleta como medio de transporte por la calzada en Granada y en el área metropolitana de manera segura, autónoma y responsable a las personas que quieran hacerlo, así como mejorar las condiciones existentes a quienes ya lo hacen.

Propuesta Plan Metropolitano de la Bici en Granada


A Xaco: de Malasaña a Santiago de Compostela en Bicicross
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TEXTO COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes… (30 nov. 2010)

ESTO NOS VA A SALIR CARO… MUY CARO

A todos. A los ciudadanos contribuyentes, que al final son los usuarios y los paganos. Y no hablo de las multas e indemnizaciones que han empezado a resultar de sentencias de juicios a ciclistas que han atropellado a peatones en las aceras. Tampoco en las sanciones astronómicas que algunas ciudades están proponiendo para atajar actitudes incívicas o inadecuadas de los ciclistas. No. Con la alegría con la que se están haciendo las cosas, esto va a tener unas consecuencias importantes, bastante más importantes que estos casos aislados. Y las vamos a pagar, por supuesto.

Nos va a salir cara la pretensión de muchos ayuntamientos de contar con una red de vías ciclistas. Ambición cuestionable por tratar de desdoblar el viario para cada tipo de vehículo que se quiere incluir en la circulación como si no hubiera otra forma de que circulen seguros. Vías para coches, para autobuses, para tranvías, para bicicletas y para peatones, paralelas pero con inevitables, inverosímiles e incomprensibles estrechamientos, confluencias, cruces y finales.

Nos va a salir caro el intento de justificar un sistema de transporte público individual que no se reequilibra, que no compensa viajes en coche y cuyas concesiones, costes, emisiones y financiaciones son poco menos que opacos o inconfesables. Las bicicletas públicas.

Nos va a costar mucho recompensar a los peatones de los agravios a los que les estamos sometiendo de manera sistemática integrando la circulación de bicicletas en plataformas peatonales con la sospechosa excusa de querer defenderlas de su espacio natural, la calzada.

Nos va a resultar realmente penoso tratar de entender esta multiplicidad de criterios, normativas, casuísticas y excepciones que hemos sido capaces de generar a la luz y como consecuencia de muchas chapuzas realizadas alocadamente y con objetivos de notoriedad política y social.

Pero lo peor del caso es que, para cuando nos queramos dar cuenta, la situación habrá tomado un cariz tan insostenible y unas inercias tan espeluznantes, que hará que volver las tornas se convierta en un trabajo más arduo y más costoso que seguir con la sangría y dejarlo correr.

Y no se van a conseguir los objetivos

Esto es:

  • mejorar la funcionalidad de la bicicleta como medio de locomoción,
  • reducir la accidentabilidad por kilómetro recorrido,
  • reducir los robos y el vandalismo contra las bicicletas,
  • disminuir el número de viajes en coche (aunque sea eléctrico) en los centros de valor urbano,
  • hacer ciudadanos y ciudadanas más conscientes, que, con sus opiniones y decisiones, participen en la configuración de su entorno
  • en definitiva, hacer ciudades más habitables, más sociales, más seguras y más divertidas.

Por lo visto esto no era lo importante. O no era lo más interesante. Estamos en temporada de elecciones.

El-hacedor-de-CB

En el foro de Granabike, durante el intercambio de experiencias respecto al uso de la bicicleta reclinada, concretamente respecto a que circular con ellas convierte al ciclista en un centro de atención, encontré una intervención interesante (enero 2011) respecto a la falsa seguridad que proporciona un carril-bici urbano, en concreto relacionada con la anchura insuficiente que presentan estas infraestructuras de doble sentido de circulación para esquivar obstáculos inesperados.

(…) 7 de enero. Media mañana. Carril bici. Padre con dos retoños, todos estrenando bici. Los tres en fila. El primer niño se para al verme venir. El padre -que le sigue- también me mira a mi y no ve que el primero ha frenado. Lo golpea por detrás y caen los dos. El otro chiquillo va el tercero y no se ha enterado de nada y mirándome a mi se estrella contra su padre y su hermano. Yo vengo de frente y si no clavo el freno se me caen encima. Me quedo mirando al padre y este me dice: es que te estaba mirando !! Todo esto en escasos dos segundos y cuatro metros de recorrido. (…)