Cicleaton-Capricho-de-alcalde

Poco a poco se va perfilando nuestra expulsión de las calzadas…

“El esfuerzo en construir bidegorris debe valer para algo, indicó Elorza, y así en las zonas donde hay un bidegorri las bicis están obligadas a circular por este carril”

En los despachos de la DGT ya se trabaja en ello con la inestimable colaboración de ConBici satisfecha de obligar a los ciclistas a circular por una acera-bici y ConBici ha perdido el norte.

DOCUMENTO DE: Biciescuela Granada (24 marzo 2011)

Buenas prácticas para conductores en presencia de ciclistas en zonas urbanas

retrato-de-un-engañoLos ecos de un crimen mas casi han desaparecido. Ante la manifiesta intención de desviar la atención sobre las causas de los accidentes carrilbicistas, es de suponer que el último accidente de Pamplona siga el curso del resto de los accidentes causados por una infraestructura innecesaria.

Muerte nada accidental de una ciclista I

Muerte nada accidental de una ciclista II

Ciclista fallece por circular por el carril bici

Muerte de una ciclista

COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes… (8 enero 2011)

Espinosa cuestión esta. En la era de la vorágine pro-bici, de grandes obras y grandes inversiones, de las bicicletas públicas y del “todo por la bici” parece que el único objetivo sea tener a más gente andando en bicicleta a cualquier precio… y de cualquier manera, caiga quien caiga, y el tema de quién sea el responsable represente una cuestión menor o irrelevante.

Desde la perspectiva de un ciclista practicante, que utiliza la bicicleta de una manera consciente y consecuente debería tener sentido, y sin embargo no dejan de resultar sospechosas las formas y los actores involucrados.

Por un lado están los presupuestos desorbitados. Hemos pasado de 0 a 100 en 5 años. De no gastarse prácticamente nada hace tan sólo 10 años a manejar presupuestos millonarios (en €). Todos. Ayuntamientos grandes y pequeños en una carrera alocada por hacer cualquier cosa para figurar entre los elegidos, entre los destacados, entre los modernos.

Se ha visualizado la bicicleta como elemento estratégico y no se ha dudado en aplicar sobre ella la misma política que la que se había aplicado sobre cualquier otro asunto. La del Fomento con mayúsculas. Esa clase de fomento que comporta obras públicas, grandes instalaciones, tecnología, ingeniería y maquinaria más o menos pesada.

¿Qué había cambiado hace unos años para pasar de nada o muy poco a este tipo de reacciones revolucionarias?

¿Había despertado nuestra sociedad en masa para descubrir que la bicicleta tenía un potencial insospechado después de tantos años de miopía y letargo? ¿Había algún tipo de coyuntura que invitaba, que impulsaba a hacerlo? ¿Cuál? ¿El cambio climático? ¿La insostenibilidad de nuestro modelo económico, social y urbanístico? ¿La congestión? ¿O acaso era el fruto de tantos años de activismo social? ¿Habían funcionado las “masas críticas”?

No. Nada de eso era importante hace 10 años entre nosotros. Ni hace 5. En aquel tiempo, nadie sospechaba que esto no fuera viento en popa y a toda vela. El “España va bien” lo habíamos interiorizado todos y queríamos alcanzar a los líderes de Europa en tiempo record. Todo funcionaba perfectamente. Así pues, si nada estaba estropeado ¿por qué demonios habría que repararlo o cambiarlo?

La bicicleta tampoco era un sector estratégico ni económica ni social ni políticamente. Vamos, que no era un nicho sin explotar. Simplemente estaba ahí. Creciendo de una manera tendencial, lógica. Sin molestar. Sin preocupar.

Y… de la noche a la mañana, ¡todo el mundo pendiente de las bicicletas! O más que de ellas, quizá de las estadísticas relacionadas con la bicicleta. De los grandes números que se podían hacer con bicicletas. Se podía contar lo que se quisiera. El caso era contar. Daba igual kilómetros de red ciclista, número de aparcabicis, inscripciones en el Día de la Bicicleta o altas en el sistema de bicicletas públicas. La locura llegó con los usos de la bicicleta pública. Esos se contaban por cientos de miles, por millones. Nadie podía dar crédito. Era toda una operación. La revolución.

La euforia arrastró a todos. A los responsables municipales, a sus técnicos, a los medios de comunicación, a los ministerios… y ¡cómo no! a los activistas. Nadie ponía en tela de juicio lo que se estaba haciendo y tampoco cómo se estaba haciendo. Nadie lo hace tampoco hoy en día. Las revoluciones son así.

Ahora bien, si vemos quiénes son los responsables de esta revolución la cosa no resulta tan prometedora. Desde luego, siempre había habido asociaciones conscientes, trabajadoras, persistentes, que habían hecho un trabajo denodado en todo ese tiempo por defender los derechos y los intereses de las personas que querían utilizar la bicicleta como medio de transporte personal. Pero ¿eran acaso ellas las que estaban liderando esta revolución? No. De hecho, en la mayor parte de las grandes operaciones estas asociaciones ni siquiera fueron consultadas. Bien es cierto que muchas de ellas eran, son, colectivos voluntaristas y voluntariosos de carácter más bien testimonial. Pero, si eran tan inofensivos ¿por qué no se contó con ellos? Simplemente porque no hacían falta. Tampoco se consulta a las asociaciones cuando se va a realizar cualquier inversión importante, decisiva en una ciudad, aunque vaya a cambiar la configuración y la ordenación de la misma. No. Nuestra democracia es así de genuina.

Si no fueron los activistas, ¿quiénes promovieron todo este movimiento?

¿Eran ciclistas visionarios? ¿Políticos comprometidos? ¿Empresas de la industria de la bicicleta interesadas? ¿Las Naciones Unidas? No.

Repasemos. La carrera de los carriles bici, aunque se inició en algunas ciudades antes que en otras de manera más o menos incipiente, cobró velocidad hace cuatro años. Los años de las obras públicas magníficas, los felices años del cemento, del ladrillo y de la excavadora. Había dinero, o al menos eso nos parecía. Había alegría. Y unos grandes interesados: las constructoras.

A estos las bicicletas les daban tan exactamente igual, como los coches, los trenes, las casas o los polígonos industriales. El caso era alimentar su monstruosa máquina. Para estos la lógica era “¿por qué te vas a gastar 10 si te puedes gastar 1000 y te va a quedar mucho más bonito?”. Simple. Y habían hecho valer sus intereses durante muchos años. Así pues, cualquier cosa para tenerlas contentas, si no lo estaban ya suficientemente nadando en las fortunas que habían sido capaces de amasar. Y cuando la cosa quebró y la burbuja inmobiliaria explotó, entonces vinieron las ayudas públicas para mantenerlas con los Planes E. Eso fue el desfase.

Ahora bien, en medio de todo ese barullo aparecieron una cuadrilla de listos con una fórmula mágica: las bicicletas públicas. Eso sí que fue devastador. Bicicletas iguales por miles con un sistema inteligente para gestionarlas y con un lanzamiento espectacular. Eso, que ya estaba inventado hace unos cuantos años, pilló a todo el mundo de improviso y su éxito fue demoledor. Todo el mundo sucumbió al presenciar atónitos las cifras que ofrecían Lyon, Paris o Barcelona.

Pero ¿quiénes eran? JCDecaux, Clear Channel o Cemusa ¿a qué se dedicaban? Pues simplemente son empresas dedicadas a la explotación de la publicidad en calle. Sí, a poner carteles de manera ordenada en marquesinas, termorrelojes, paneles y otros inventos. Un negocio realmente rentable que mueve unas cifras de escándalo por contaminar nuestras calles de mensajes comerciales. Empresas multinacionales. ¿Y qué tiene eso que ver con las bicicletas? Poco. O nada. A menos que la bicicleta fuera el gran anzuelo que hiciera morder a ayuntamientos incautos. Y lo fue ¡vaya si lo fue! La fórmula: “Bicis gratis a cambio de poder explotar la publicidad exterior de tu ciudad en contratos blindados”. Sin pagar. Los responsables municipales no se podían creer. Las empresas tampoco. Aquello era una operación de marketing sin precedentes. Y lo fue. Ya lo dicen los manuales: un negocio para ser bueno tiene que beneficiar a las partes involucradas.

¿Cuáles son los resultados de esta “revolución”?

Más allá de analizar las ejecuciones y las implantaciones, el resultado se puede resumir en:

  • Un montón de vías ciclistas hechas sin criterio y sin priorización. Sin atender a la mejor solución para cada caso, sino tratando de aplicar una plantilla de cualquier manera con tal de tener una red más o menos tejida en un tiempo record.
  • Un montón de aparcabicis sembrados de manera muchas veces aleatoria, sin obedecer a criterios de demanda, funcionalidad o seguridad.
  • Un montón de bicicletas públicas andando de cualquier manera por cualquier sitio, sin otro fundamento de la lógica de que cuantas más haya será mejor.
  • Un buen montón de ciclistas noveles que no acaban de tener claro sus derechos y sus obligaciones y prefieren circular por aceras en ausencia de carriles bici y demandan más y más carriles para poder llegar a todos los rincones.
  • La inmensa mayoría de peatones, damnificados por esta nueva situación, que no se atreven a reivindicar sus derechos ni a defender sus conquistas y se limitan a defenderse de esta nueva invasión.


¿Quiénes han salido beneficiados?

Pero, aparte de ese número de nuevos ciclistas difíciles de adjudicar a toda esta operación, hay otros resultados indirectos mucho más onerosos:

  • Las constructoras se han embolsado un buen montón de millones haciendo despropósitos a toda velocidad y ejecutando siempre por algo más de lo presupuestado. O por mucho más.
  • Esas empresas de la publicidad con contratos blindados millonarios de duraciones que oscilan entre los 15 y los 20 años de explotación de la calle a cambio de mantener, más o menos, los sistemas de bicis públicas.
  • Unos políticos ufanos de haber hecho los deberes ambientales y de haber cambiado los hábitos de movilidad en sus ciudades que esperan ansiosos ver los réditos de ello en las próximas elecciones.
  • Los intereses del automóvil intactos o en el mejor de los casos mejorados, porque, aunque se haya detraido parte del espacio de su aparcamiento, la circulación ha mejorado al separar las bicicletas del tráfico sin intentar restar facilidades a los coches.
  • Algunas asociaciones crecidas ante el impulso insospechado que ha tomado el asunto de las bicicletas, creyendo que ellos han sido los padres de la criatura, que no quieren desaprovechar la oportunidad en su propio beneficio.

¿Revolución o involución?

Desde luego hay excepciones. Muchas y buenas. Pero era necesario aclarar que esto, como puede verse, no tiene nada de revolución, ni trabaja sobre los fundamentos de la misma. Más bien se ha tratado de una involución, ya que no sólo ha dejado esencialmente las cosas como estaban, sino que ha supuesto un paso atrás para el verdadero fundamento de la movilidad en la ciudad: los peatones. La verdadera revolución de las bicicletas está pendiente y esa no se hace de la mano de estos socios.

Bicycle Revolution by peach_hip_shakes

FUENTE: Commute Orlando

Silueta-de-una-atrocidad

Es sostenible esta ciclabilidad

ConBici satisfecha

Siempre he sentido un gusto especial por caminar, realizar largas caminatas o acudir a los lugares de estudio o trabajo andando. Las aceras y espacios peatonales tienen un plus de convivencia que va más allá del mero hecho de desplazarse, recrearse en el paisaje o conversar mientras se camina posee un indudable valor de higiene mental y física que no sólo debe conservarse, sino también potenciarse.

Sin embargo, en los últimos años las políticas de movilidad en Sevilla se han caracterizado por la proliferación de vías ciclistas sin reparar excesivamente en la importante degradación que ello ha supuesto para los espacios peatonales y por tanto para la calidad de los desplazamientos a pie. Lo más sorprendente de todo es que esta historia se ha vendido como alternativa al transporte motorizado, en una ciudad que no para de construir infrestructuras para el coche…

Desde hace muchos años ya veníamos padeciendo la incesante invasión de aceras por parte de los vehículos a motor, obstaculizando el tránsito peatonal y obligando a bajar a la calzada con el consiguiente peligro que supone. La irrupción de los carriles bici y con ellos del uso de la bicicleta da el golpe de gracia a los peatones. Transitar por las aceras de Sevilla ha dejado de ser seguro.

Como peatón me parece inconcebible que uno tenga que caminar pendiente de que no se le eche encima una bicicleta, el estrés que ello genera puede ser tan peligroso como un encontronazo con un ciclista. El paseo tranquilo ha sido reemplazado por el caminar sobresaltado. Según el barómetro socioeconómico de Sevilla de la Fundación Antares publicado recientemente, el 62,3 % de los sevillanos se opone al paso de bicicletas por zonas peatonales.

El profesor Alfonso Sanz Alduán es experto en Movilidad Sostenible, en su artículo Viadantes y Ciclistas: atravesando la cortina de humo verde, desgrana con mucha lucidez las tensiones que la implantación de estas políticas están generando en nuestras ciudades, todo ello partiendo de la base de que ambas formas de desplazarse constituyen elementos básicos de ecología urbana. Sin embargo, alude a la necesidad de implantar vías ciclistas debido a la falta de madurez de nuestra cultura ciclista. La cuestión es: ¿la implantación de esos carriles bici ayuda a mejorar esa cultura o más bien contribuye a consolidar el segregacionismo dominante?

Las políticas de movilidad sostenible que tanto se pregonan en nuestra ciudad carecen de una visión global, no han hecho descender significativamente el uso de los vehículos motorizados y más bien parecen surgir de una moda que de un análisis serio. Como bien dice el profesor Sanz Alduán, hay que atravesar la cortina de humo verde que las envuelve. Cortinas de humo verde a dos ruedas en vez de coger al toro de la movilidad por los cuernos (Prismas Hispalenses, 18 enero 2011)

La mencionada multiplicación del uso de la bicicleta se ha acompañado en numerosas ciudades de fricciones entre ciclistas y viandantes, sobre todo como consecuencia de la invasión mutua de sus espacios reservados: el uso de las aceras por parte de los ciclistas y el uso de las vías ciclistas por parte de los viandantes.Esta confrontación debe ser analizada a fondo con el fin de establecer caminos que garanticen la alianza entre dos formas de locomoción con intereses y objetivos comunes, aunque con necesidades espaciales, velocidades y pautas de desplazamiento diferentes. Por resumirlo en una frase, la bicicleta debe ser considerada en esencia como un vehículo que circula, con vocación de utilizar las calzadas junto al resto de los motorizados, en los espacios urbanos, mientras que los viandantes transitan y están en un espacio que, mayoritariamente, debe ser segregado para ellos, salvo en condiciones muy restrictivas de velocidad de los vehículos.

(…) Las características técnicas de las vías ciclistas también pueden inducir en ocasiones una fricción innecesaria con los viandantes, por ejemplo, mediante el recurso excesivo a vías bidireccionales (con circulación ciclista en ambos sentidos), que tienden a fomentar una lógica peatonal del ciclista y alejarlo de la lógica circulatoria normal. Las vías bidireccionales, además, suponen dificultades añadidas para un diseño adecuado de los cruces peatonales y ciclistas, y la creación de un mayor efecto barrera para los viandantes.

(…) Es evidente que las fórmulas que permiten integrar la bicicleta en el tráfico mediante medidas de calmado, de reducción del número y la velocidad de los vehículos motorizados, son las que mejor previenen contra ese roce viandante-bicicleta. Pero, desafortunadamente, ni siempre es posible en la situación actual homogeneizar a rangos razonables las velocidades de ciclistas y vehículos a motor, ni la cultura de la bicicleta suele estar tan madura en las ciudades españolas como para prescindir completamente de las vías segregadas.En efecto, la decisión sobre la creación de una red de vías ciclistas con un cierto grado de segregación, al menos en los tramos de mayor densidad y velocidad de los automóviles, es de carácter estratégico y cultural. Como se ha señalado más arriba, la bicicleta tiene su sitio en la calzada, pero, mientras que una buena parte de esta no se encuentre preparada para pedalear y las personas perciban excesivo riesgo en utilizarla, no parece haber más remedio que conformar una red básica de vías suficientemente segregadas que dinamice poco a poco una nueva cultura de la bicicleta urbana. Sin descuidar por ello lo que ocurre en el resto del viario.

Pautas a seguir La explosión de las bicicletas públicas en algunas ciudades como Barcelona o Sevilla ha conducido también a un incremento de la tensión viandantes-ciclistas como consecuencia del miedo de una parte de los nuevos usuarios a emplear la calzada. En este caso también, lo que hace falta es establecer medidas que devuelvan poco a poco a los ciclistas a su espacio natural, bien a las vías propias, bien a las calzadas, liberando las aceras para los viandantes. (…) puede ser contraproducente la aprobación de normativas (ordenanzas de movilidad ciclista) que ofrezcan derechos excesivos de circulación a las bicicletas en espacios peatonales, estimulando comportamientos y velocidades inadecuados –al menos entre un grupo minoritario de los que pedalean–, que no se corresponden con la prioridad peatonal. (…) Alfonso Sanz Alduán, Viandantes y Ciclistas: atravesando la cortina de humo verde

Alfonso Sanz olvida que los carriles-bici urbanos en la calzada introducen nuevos riesgos para los ciclistas ocasionados:

- por posicionar al ciclista en el extremo derecho de la calzada, interfiriendo en la trayectoria de los vehículos que giran a la derechay  contradiciendo una de las normas más básicas del tráfico.

- por la anchura que determinan los manuales para su diseño que resulta insuficiente para circular en bici a más de 5km/h y poder esquivar de forma óptima ostáculos inesperados.

- por la distancia lateral de seguridad que establece para que los ciclistas sean adelantados por el resto de vehículos (según los manuales para su diseño). Esta distancia de seguridad es de 40 cm., inferior a lo recomendado por seguridad a ciertas velocidades: 1.5m.

Sanz acierta cuando dice que “la bicicleta tiene su sitio en la calzada”, así como cuando dice que “buena parte de la población no se encuentra preparada para conducir una bicicleta y perciben riesgo en utilizarla”. Ante esta situación, propone los carriles-bici urbanos como una infraestructura de transición hasta tanto la madurez de la cultura ciclista permita que se pueda prescindir de ellos.

(…) ¿Existen en alguna parte infraestructuras de transición para los conductores noveles? ¿Para los motoristas? Si estamos de acuerdo con Sanz en que la bicicleta es en esencia un vehículo que circula, entonces habrá que plantear su uso en base a todo lo que supone conducir un vehículo  (…) (Sevalber 19 enero 2011)

Pero los carriles-bici urbanos no son una infraestructura de transición. En primer lugar, porque donde existen se prohibe la circulación ciclista en la calzada. En segundo lugar, porque el carril-bici no fomenta una madurez de la cultura ciclista que prescinda de ellos, al contrario. El carril-bici fomenta una dependencia del nuevo ciclista hacia esta infraestructura (no hay más que ver qué hace el ciclista cuando el carril-bici acaba o cuando sigue otro itinerario del deseado: circular por la acera o pegado al extremo derecho de la calzada). En definitiva, el carril-bici urbano obstaculiza la madurez ciclista que prescinda de él, ya que exime a los nuevos ciclistas de su responsabilidad a aprender a conducir su vehículo; pero lo más grave es que estos mismo sciclistas depositan su confianza en esta infraestructura que no solo no evita los accidentes, sino que multiplica los riesgos.

Según tengo entendido, el Alfonso Sanz se dedica laboralmente (o se ha dedicado) a crear y diseñar redes de carril-bici. Con lo cual, no le interesan en absoluto otros “remedios” que según él no existen en la actualidad. No es una utopía que los aspirantes a ser ciclista aprendan a conducir la bicicleta (que no es tan solo mantener el equilibrio y pedalear). Se trata de dotar de las herramientas necesarias para que estas personas superen sus miedos y ganen en autonomía y seguridad para circular en bici por cualquier calle de la ciudad. Tratándoles como personas capaces, y a la bici como a un vehículo. Los aspirantes a conductores de moto o coche también tienen miedo, pero no por ello se les exime de aprender a conducir su vehículo.

El error ha sido fomentar la bicicleta a cualquier precio. Se ha optado por la opción más cara y conflictiva que no incrementa en absoluto la madurez de la cultura ciclista capaz de conducir la bici por cualquier calle. Se ha dotado a toda la población de bicicletas públicas y carriles-bici mediante millonarias inversiones y, sin embargo, el resultado ha sido un número elevado de ciclistas (que anteriormente se movían a pie o en transporte público)  que no saben conducir su vehículo más allá del carril-bici y la acera (generando graves conflictos con los peatones) y que depositan su confianza en estas infraestructuras que no eliminan los accidentes (sino que incrementa los riesgos).

La-ley-del-silencio

Accidentes inencontrables en la prensa

La Junta de Andalucía a través del Programa de Sostenibilidad Urbana Ciudad 21 está destinando millones de euros para construir carriles-bici (y no precisamente interurbanos).

- En 2008, 8 millones de euros para municipios de más de 50.000 habitantes en 2008.
- En 2009, 9 millones de euros para municipios de más de 20.000 habitantes.

La orden de 27 de marzo de 2009 a la que responde la segunda de estas iniciativas puede dar dos tipos de incentivos. Una de ellas ofrece una cantidad máxima de 426.000 euros para la construcción de al menos tres kilómetros de carril-bici. La otra es de 28.500 euros para el fomento de las vías ciclistas. A la primera de las ofertas ya se han acogido 20 municipios y a la segunda 17, de las que ya recibieron la ayuda en anteriores convocatorias.

A esta última convocatoria, se suma a la de 2008, donde se acogieron 19 municipios para la construcción de 73 kilómetros de carriles bici. En total son 17 millones de euros para la construcción de 150 kilómetros de carriles bici.

Tienen la poca vergüenza de anunciar que el objetivo del gobierno andaluz con estas actuaciones es fomentar el uso de la bicicleta frente al del automóvil, y con ello reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera y disminuir la contaminación acústica (1 y 2). Los únicos que han salido ganando son la constructora y los técnicos que diseñan estas vías, han recibido un pastel con el que hacer el agosto (gracias a las estrategias llevadas a cabo por la gran mayoría de colectivos ciclistas en España), construyendo infraestructuras peligrosas, estrechas, molestas e innecesarias (3) en zonas urbanas.

En eso se están gastando el dinero. Espero que los vecinos de los municipios afectados descubran la incapacidad y estupidez de sus gobernantes, teniendo en cuenta las grandes necesidades que están por cubrir en sus municipios. No creo que la gente sea tan estúpida como para seguir creyendo en el engaño del carril-sostenible.

Uno de los pueblos afectados es Puente Genil (Córdoba) de 30.245 habitantes, donde su alcalde, Manuel Baena, afirma que el carril-bici urbano de 3,99 kilómetros (de 2,5 metros de anchura, “lo que permitirá que sea bidireccional”) será utilizado por un 0,5 % de la población “lo que significaría el ahorro 38 Tm de carbónico al año a la atmósfera, contribuyendo así a la disminución de los efectos del cambio climático provocado por la emisión de gases invernadero”. Y no parece estar de cachondeo.

Humor Brenes, 27 noviembre 2010

Carril bici Puente Genil de Humor Brenes, 27 noviembre 2010

ConBici satisfecha del colapso obligatorio en las estrechas aceras-bici

ConBici satisfecha del colapso obligatorio en las estrechas aceras-bici (16 marzo 2011)

¡Atención a la foto!

ConBici está satisfecha de obligar a los ciclistas a circular por una acera-bici bidireccional de 1,2 metros por sentido. Está satisfecha de obligar a los ciclistas a circular por una infraestructura estrecha e incómoda, teniendo que ocupar incluso el sentido contrario. Paradójicamente, está satisfecha de mostar la anchura de la infraestructura por la que quieren encauzar a un millón de ciclistas urbanos. Está satisfecha de permanecer apelotonados junto a los peatones, espectadores del gran tamaño de la calzada, ancha y despejada: la verás, pero no lo catarás… parece que quieren estar diciendo.