COPIADO DE: Getafe en Bici (19 dic. 2011)

Es habitual encontrar en la justificación de las inversiones en infraestructuras ciclistas las ventajas ecológicas y sociales de la bicicleta. En la justificación de las millonarias inversiones en carriles bici se apela a su “contribución” a la reducción de emisión de gases contaminantes en la ciudad.“El nuevo carril bici evitará la emisión de 3.400 toneladas de CO2 al año”. Ocurre lo mismo con la denominada bicicleta publica o publibicicleta que es el otro pozo donde se vierten las inversiones hechas en nombre de la bicicleta.

Este otro artículo de reciente publicación insiste en los lugares comunes. Los europeos deberían montar en bici como los daneses para reducir la emision de gases toxicos un 26%. Empieza como es norma repasando las evidentes ventajas del uso de la bicicleta y luego extrapola las ventajas en nuestro medio ambiente, si determinados viajes realizados en coche se hicieran en bicicleta. Para finalmente poner “como ejemplo positivo a la ciudad de Sevilla, donde la enorme ampliación del carril bici y otras medidas (bicicleta publica) han multiplicado por 10 el uso de este vehículo. De hecho, la ciudad andaluza fue la elegida este 2011 para celebrar la conferencia Velo-City, que organiza dicho organismo para debatir y promover el uso de las bicicletas en entornos urbanos.”

Sobre el velocity encuentro que “Velo-city es a la promoción de la bicicleta urbana lo que unos Juegos Olímpicos son para el deporte. Para la ciudad organizadora representa, por tanto, un gran acontecimiento por lo que significa de reconocimiento a los avances realizados en nuestra ciudad en tan sólo dos años y porque reúne a todo lo que se nuclea en torno a la bicicleta urbana: fabricantes, comercializadores, minoristas, talleres, accesorios, publicistas, empresas de alquiler, administraciones públicas, empresas constructoras, entidades y colectivos de usuarios, todos ellos en los distintos niveles de articulación organizativa.”

Imagino que también se podría decir que es a la promoción de la bicicleta urbana lo que la Expo a la cultura. Ejemplo que se entendería mucho mejor en Sevilla. Inversión, constructores, multinacionales, subvenciones, especulaciones… y a presumir de lo invertido. Kilómetros de carril bici, numero de estaciones de bicicletas de alquiler, proyección de la ciudad…  Sevilla es la joya de la corona de este modelo de promoción de la bicicleta: Carriles bici por el centro, bicicletas en la acera y bicicleta publica.

Sin embargo a pesar de las bienintencionadas declaraciones de superestructuras creadas para alimentar esta nueva burbuja, la realidad se muestra tozuda. A pesar de la modélica la aplicación de las recetas del ¿lobby? y sus premios suspenden en cuanto a contaminación se refiere. Ya nos referimos hace tiempo en el artículo “La contaminación en Sevilla pone en evidencia que las aceras bicis no reducen las emisiones de los coches ” Hay muchas denuncias al respecto Contaminación en Sevilla pero nadie se cuestiona la receta. A lo más se plantean aumentar la dosis: mas carril bici y mas estaciones de alquiler.

Parece un enigma que nadie está interesado en resolver pero cuya respuesta es evidente. ¿por que si la bicicleta no contamina y se invierte y aumenta el numero de bicicletas no mejoran los datos de contaminación? ¿por que si hay mas bicicletas no se reduce la contaminación? por que hay los mismos coches, o más.

¿Qué es lo que está pasando? ¿como puede ser esto? Ya lo señalamos en lo referente a la bicicleta pública en “Getafe se apunta a la Publibicicleta en plena crisis del modelo “  La Bicicleta pública está orientada a captar usuarios entre los peatones y usuarios del transporte público yendo asociado en la mayoría de los casos a la permisividad del uso de la bici en la acera o incluso su fomento mediante la construcción, también subvencionada, de los mencionados carriles bici. … “Los puntos de préstamo se encuentran junto a todas las estaciones de metro y cercanías de nuestra ciudad y el usuario dispondrá de un tiempo máximo de 3 horas para su utilización.” Eliminando la ventaja de tener que andar menos hasta o desde la bicicleta aparcada que si fuera un coche. En muchos casos el transporte sustituido es el metrosur o el cercanías y no el coche.

El propio informe sobre la bicicleta en Sevilla resume la receta de la denominada apuesta por la bicicleta “La puesta en marcha del Plan Director para el Fomento de la Bicicleta en Sevilla 2007-2010 ha supuesto un auténtico revulsivo en las pautas de la movilidad y ha provocado un cambio modal efectivo hacia la bicicleta. En total se han construido 80 kms de carril bici distribuidos en 8 itinerarios y se encuentra en ejecución una red complementaria con 30 kms adicionales con lo que la red bici de Sevilla sobrepasará los 100 kms.” Para posteriormente reconocer que “Esto implica que la bicicleta ha detraído del resto de modos de transporte: COCHE – 13.700 viajes (-2,8%) AUTOBÚS – 19.500 viajes (-7,6%) A PIE – 14.200 viajes (-3,0%)” Es decir que los nuevos ciclistas conseguidos tras todo el plan de inversiones no eran conductores. Posteriormente conocimos el informe de la OMS que registraba el aumento de la contaminación en Sevilla y algunos se sorprendieron porque no sabían lo poco que se había reducido el uso del coche en Sevilla.

Sevilla aupada como modelo de la campaña 1 millón suspende en contaminación por que no se cuestiona el modelo de movilidad basado en el coche. Simplemente transfiere usuarios entre los modos menos contaminantes. Particularmente la bicicleta publica es la que menos conductores ha cambiado.

En ecomotriz destacaban  “En las pasadas III jornadas de la bicicleta pública se mostraron los resultados de una encuesta sobre la bicicleta pública en España realizada por el IDAE el pasado mes de septiembre. Realizada en Barcelona, Sevilla, Valencia y Zaragoza, un total de 400 usuarios del servicio de alquiler de bicicletas fueron encuestados. En esta se demostró que la mayoría de la gente que usa este servicio ha sustituido el transporte público o a pie.”

Un artículo de Cenas a Pedal  destaca el problema. España y Portugal usan menos la bici pero usan mas el transporte público y a pie resultando, según el eurobarómetro de 2011 que usan menos el coche que las todavía mas emblemáticas Holanda o Dinamarca. Toma ya, se podria decir igualmente que  son el resto de europeos los que deberían realizar los desplazamientos a pie o en transporte público que hacemos en España o Portugal. Aumentar las bicicletas a costa de peatones o usuarios del Transporte Publico no afecta a la cuenta global de gases contaminantes.

La única cuenta que mejora la situación con respecto a los gases contaminantes es la reducción de uso del coche. Es falaz utilizar las ventajas de la bicicleta frente al coche si lo que se va a hacer es fomentar la bicicleta entre los peatones y los usuarios del transporte público con el único objetivo de aumentar el número de bicicletas. Si realmente se pretende empezar a dejar de aumentar la emisión de gases contaminantes deberían preguntarse por qué el modelo de fomento de la bicicleta aplicado no reduce el uso del vehículo motorizado privado.

Cuando se hace una acera bici se perjudican las condiciones de los peatones y mejoran las condiciones del coche, sin embargo no está tan claro que mejoren las de la bicicleta.  Ni desde el punto de vista de la seguridad (La falsa seguridad del carril bici.) ni obviamente de la movilidad. Por la acera con o sin carril, por lógica u ordenanza, se puede ir solo ligeramente mas rápido que los peatones. Por la calzada se puede ir ligeramente mas lento que los coches. No es extraño que sean los peatones los que cambien y no los conductores cuando se hacen aceras bici.

Si se quiere reducir la contaminación aumentando las bicicletas, los esfuerzos deberían considerar que el objetivo del cambio ya sabe conducir y que lo hace habitualmente. Usar las mismas normas y los mismos espacios parece lo mas lógico. Hacer que las condiciones en ese espacio sean mejores para la bicicleta que para el coche parece también lógico. Bajar el límite de velocidad en el casco urbano reduce a la vez la “ventaja” del coche frente a la bici y el peatón a la vez que reduce el riesgo y peligro de accidentes y atropellos y sus consecuencias. Dejar de intentar resolver el problema de la demanda infinita de aparcamiento en el centro con aparcamientos municipales también promueve modos desplazamiento alternativos al coche, dejar de subvencionar el cambio de coche para tener uno mas grande que consume menos en mas kilómetros, dejar de gastar dinero en infraestructuras que expulsan a la bicicleta del sitio rápido de la calle… Increíblemente queda mucho por hacer para promover la bicicleta como medio de transporte, pero sobre todo queda mucho por dejar de hacer para permitir que la bicicleta ocupe su espacio como medio de transporte eficaz y capaz de competir con el coche en el medio urbano.

El aumento de la contaminación en las ciudades que mas invierten en carriles o aceras bici y en bicicleta pública o el aumento de la mortandad en los accidentes en estos  no es algo mas que estudiar a largo plazo. Exige rectificar el modo, la receta, para promover la bicicleta como medio de transporte atractivo para los que hoy conducen coches en nuestras ciudades. Fomentar su eficacia frente al coche parece mejor estrategia que lastrarla con prejuicios e infraestructuras que lo más que hacen es crear una percepción de seguridad en un entorno en el que previamente se ha creado una percepción de inseguridad.

En otras palabras: La bicicleta, mejor por la calzada.

COPIADO DE Bicicletas, ciudades, viajes… (7 noviembre 2011)

Hemos dado tantas vueltas al asunto de circular por la ciudad que ya empezamos a estar un poco mareados o mucho. Tanto que ya hemos perdido el norte y, lo más importante, estamos empezando a perder la perspectiva.

Hemos complicado cosas que eran sencillas intentando buscar soluciones a algo que era irresoluble: el tráfico en la ciudad. Hemos ampliado las calzadas hasta límites insospechados, hemos condenado el paso de los peatones como si fueran unos apestados que molestan en el tránsito masivo, el de los coches, hemos apartado a las bicis de la circulación intentando relegarlas a pasillos imposibles porque eran lentas y débiles, hemos ninguneado al transporte público comprometiendo su eficacia, y, una vez hecho todo eso, hemos ordenado la ciudad para el coche. Grandes viales, oferta descomunal de aparcamiento, semáforos, rondas, rotondas… todo al servicio del coche.

Todo iba bien hasta que llegaron “los apocalípticos”

Nada hubiera resultado problemático si unos cuantos estúpidos visionarios atormentados por sus perspectivas apocalípticas no se hubieran dedicado a alertar al mundo con sus mensajes alarmistas hasta llegar a convencer a muchos ayuntamientos de la necesidad imperiosa de reducir el uso del coche drásticamente en las ciudades para poder salvar el planeta y para poder recuperar las ciudades para su uso y disfrute, en vez de para ser atravesadas lo más rápidamente posible. ¡Menuda idea!

El objetivo de esta banda de profetas no era otro que cambiar el orden de las cosas a base de invertir las prioridades de circulación. Para ello pusieron en lo más alto a los inútiles peatones. ¡Ja! Y detrás de ellos colocaron a los anticuados ciclistas con sus ridículas bicicletas. ¡Cómo no! Después vendrían el transporte público, las motos y al final los coches.

El problema llegó cuando intentaron poner en práctica sus teorías. Se encontraron con que la gente estaba demasiado aferrada a una forma de vida en la que el coche se había convertido en algo imprescindible, tan imprescindible que no entendían la vida sin él. Y así ocurrió que, pese a los intentos más o menos simbólicos de coartar la utilización del coche a través de la limitación de velocidades, la tarificación del aparcamiento y la peatonalización de las zonas centrales, la gente que utilizaba el coche siguió usándolo con la misma convicción.

Peor les fue a los ciclistas, que vieron como las promesas de protegerlos y mejorar sus condiciones de circulación se quedaban reducidas a unos cuantos kilómetros de carriles bici estrechos, difíciles de transitar, sin márgenes de seguridad y la mayor parte de las veces implementados en aceras o por detrás de los coches aparcados. Si andaban mal, ahora además tenían que entendérselas con los peatones. Toda una provocación. Eso además de unos cuantos aparcabicis y, en las ciudades más ambiciosas, un juego de bicicletas públicas, conformaban la oferta para esa especie que ahora tenía la categoría de ser “especie protegida”.

Los grandes beneficiarios de este nuevo orden, que iban a ser los peatones, vieron cómo sus aceras fueron invadidas de una manera prescriptiva por las bicicletas. Algunas fueron divididas con los ciclistas, el resto fueron automáticamente compartidas. Y hubo que reordenar todas las normas para intentar comprender el desaguisado. Eso y unas cuantas islas peatonales que por la mañana se llenaban de camiones y furgonetas intentando hacer llegar las mercancías a los negocios y a los residentes en esas áreas. Encantados.

La llegada de “los otros” acabó de desquiciar la cosa

Llegados a este extremo, una vez que todo esto está hecho y la gente está empezando a asumirlo como normal van y aparecen otros, mucho más estúpidos que los anteriores visionarios, y dicen que esto no sólo es insuficiente sino que es inconveniente y, para más inri, peligroso. Y reclaman sentido común. ¿Es que se han vuelto locos? ¿Sentido común a estas alturas de partida? ¿Ahora que tenemos todo este cotarro montado?

Y nos tratan de convencer de que todo hubiera sido mucho más sencillo y más natural con menos intervención sobre el terreno y más intervención sobre la circulación motorizada y con una buena dosis de educación y respeto. ¡Venga ya! ¿Ahora que nos hemos gastado un montón de millones haciéndoos cositas para que estéis contentos? Ahora no. Ahora, de hecho, nos vamos a servir de algunos de los vuestros, que han tragado, para desautorizaros y presentaros como extremistas radicales y enemigos de la promoción de la bicicleta, además de inconscientes, retrógrados y asesinos de niños y ancianos. Así se os curará un poco lo vuestro.

Hasta que todo dio la vuelta…

Todo perfecto y ordenado… hasta que un buen día nos desayunamos con una crisis monumental que nos deja sin fondos y empezamos a recular. Y donde dijimos infraestructuras fabulosas, lo vamos a dejar en respeto mutuo, y donde propusimos segregación ahora vamos a aventurarnos con el calmado del tráfico y promulgamos la convivencia. Así de fácil. Y vamos a ir por donde íbamos: los peatones por las aceras y los vehículos por las calzadas. Tremendo descubrimiento. Y además nos vamos a llevar bien porque no nos queda otro remedio. Y encima vamos a estar contentos con todo esto porque es lo mejor que nos puede ocurrir y, sobre todo, lo más barato. ¿Lo pilláis?

COPIADO DE: Un albaceteño en bici (14 julio 2011)

Algunos quizás os estéis preguntando qué es un cicleatón. Es fácil, puesto que es el resultado de la unión de las palabras ciclista + peatón, es decir, el tipo de ciclista que circula ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE por las aceras, molestando a los peatones, quitándoles su espacio vital y creando un serio perjuicio a los ciclistas que circulamos respetando las normas.

Lamentablemente, en todo nuestro país, y obviamente nuestra ciudad no es una excepción, este fenómeno parece estar en auge ante la falta de educación cívica y social existente en toda nuestra sociedad y por el mero hecho de que más de un nuevo ciclista se piensa, por los roles carrilbicistas de la sociedad, que el lugar ideal para ir en bici es CUALQUIERA QUE NO SEA LA CALZADA, creando un problema intrínseco que afecta de manera subyugada (por avasalladora) a los verdaderos ciclistas urbanos, es decir, a aquéllos que circulamos siempre por la calzada respetando absolutamente todas las normas, como mencionaba en el primer párrafo.

Raro es el día de la semana, del mes, del año, que no veo un ciclista por la acera, por la razón que sea. Y siempre, SIEMPRE, les digo: “¿es que no sabe(n) que ESTÁ PROHIBIDO CIRCULAR EN BICI POR LA ACERA?” (es decir, la realidad pura y dura, por mucho que la DGT quiera empeñarse ahora en permitir el uso de las aceras por parte de los ciclistas, y no en forma de acera-bici). A tal comentario, como cabía esperar, respuestas de todo tipo, desde el “yo voy por donde me da la gana (o dicho con peor educación)” hasta el que reconoce su error y se baja a la calzada. Pero queda muchísimo por hacer. Sin educación ciclista básica, y ante la imposibilidad de controlar a todos y cada uno de los ciclistas que circulan por nuestra ciudad, a los verdaderos ciclistas urbanos no nos queda sino seguir “regañando” a aquellos ciclistas que incumplen la normativa. Si por mí fuera, sería yo el que pondría los multazos…

Por cierto, merece la pena destacar un dato cuando menos curioso, por no decir absurdo. Las bicicletas NO PUEDEN CRUZAR POR PASOS DE PEATONES con la persona montada en ellos, porque son para peatones y las bicicletas son vehículos. Sin embargo, en nuestra ciudad, cuando una bici con alguien montado va a cruzar ILEGALMENTE por un paso de peatones… LOS COCHES SE PARAN, mientras que cuando lo va a cruzar un peatón (a quien está destinada dicha infraestructura) PARECE QUE LES CUESTA pararse. El colmo de la estupidez humana.

Os dejo con un vídeo muy esclarecedor del tipo de accidentes que pueden ocurrir por culpa de los cicleatones (que pasan a diario, pero que no trascienden a los medios de comunicación):

Hace un mes publicamos nuestra satisfacción porque el colectivo Valencia en Bici daba algunas señales de madurez (Valencia en Bici empieza a madurar): observaban que la multiplicación de ciclistas debido al servicio municipal de préstamo de bicicletas y a las aceras-bici y carriles-bici no había significado una mejora de la convivencia en el espacio público, sino una invasión de las aceras por parte de los ciclistas y un mayor dominio del automóvil sobre la ciudad.

En los comentarios que recibimos pudimos observar, por una parte, su adoración por un modelo de ciclista dependiente de políticos y técnicos y, por otra,  la falta de democracia interna de este colectivo, así como su incapacidad para ser autocríticos ante el fracaso evidente de las estrategias que han llevado a cabo durante 20 años. Quizá esto también sea un síntoma más de la situación en la que se ven inmersos ahora: ¿multa o carril-bici? (Las provincias 27/11/11).  La policía llevará a cabo una campaña de multas a los ciclistas (por no llevar luces y por circular por las aceras) a petición de la Federación de Asociaciones de Vecinos, y Valencia en Bici lo considera inoportuno y pide más carriles-bici.

En julio de 2010 ya observamos la ardua tarea a la que se enfrenta el carrilbicismo en esta ciudad (El carrilbicismo se enfrenta a una ardua tarea) al haber propiciado la invasión masiva de ciclistas circulando por las aceras a través del fomento del miedo a circular en bici por la calzada.

Me temo que Valencia en Bici no va a tener nunca el coraje de reconocer que la existencia de una amplia red de carriles-bici, la expectativa de que hagan más y la inexistente apuesta por la autonomía del ciclista (con la mitad del gasto público en carriles-bici podrían haber formado a cientos de miles de ciclistas para circular en condiciones de seguridad por la calzada) es lo que ha ocasionado que al finalizar el carril-bici, al escoger otro itinerario o al no existir esta vía, el ciclista opta a circular por la acera. Es decir, los cicistas no han aprendido lo más básico para conducir su bici con total autonomía: no han superado sus miedos y desconocen cómo ubicarse en la calzada, cómo señalizar, cómo gestionar su espacio… en cualquier tipo de calle. Los ciclistas han sido tratados como seres inútiles y, por ello, han acabado convirtiéndose en pseudopeatones, miedosos y dependientes de carriles-bici (y en su defecto, circulan por la acera)

La responsabilidad de Valencia en Bici en este asunto es demasida, no pueden traicionar a su parroquia, huyen hacia delante. No pueden responsabilizar al ciclista irresponsable y dependiente que han creado. No reconocerán nunca que estas infraestructuras fomentan el uso de la acera y no evitan los accidentes (nisiquiera un goteo de ciclistas muertos que circulaban por ellas les hará cambiar su postura en público: Atropello por goteo a ciclistas que circulan por las aceras (Valencia); Tras dos muertes de ciclistas fuera de la calzada, reivindican más carriles bici (Valencia); Ciclista muerto en una acera bici (Valencia))

COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes… (16 noviembre 2011)

Hay una creencia muy arraigada entre los que invaden las aceras montados en sus bicis, de que la carretera es igual a muerte o accidente grave seguro. No les falta razón. De hecho, la inmensa mayoría de los atropellos graves de ciclistas se producen precisamente cuando estos acceden desde una plataforma peatonal a la calzada, bien sea circulando por aceras, bien sea circulando por carriles bici segregados del resto del tráfico.

Sin embargo esta creencia, por más que pueda ser mayoritaria, no responde a ningún hecho o estadística evidenciable, sino, más bien, a un interés en la autojustificación de su actitud de manera generalizada, lo cual, defendido repetidamente hasta la saciedad, parece más cierto, más incuestionable y hasta más legítimo, cuando no más legal… pero a todo se llegará.

El hecho es que la mayoría, la inmensa mayoría de los conductores de automóviles no salen a la calle a ver si cazan algún ciclista o algún peatón infortunado por puro deporte o por afán ajusticiador. Siempre hay excepciones, pero todavía no he tenido noticias de nadie (miento, está aquél “kamikafre” que dió la vuelta al mundo por arremeter contra una masa crítica en Porto Alegre) que se dedique a atropellar ciclistas. Ni siquiera los energúmenos con los que te puedes topar en hora punta tienen intenciones de acabar con tu vida, como mucho hacen amagos de violencia o de lo que ellos creen que es poderío al volante.

Si revisamos los últimos atropellos graves o mortales acaecidos en nuestro país en entorno urbano, ninguno se produce por alcance, es decir, por detrás. Todos son colisiones laterales o atrapamientos porque las víctimas no son visibles o no circulan haciéndose ver y ocupando un espacio suficiente en la calzada. Así de simple. Luego está la mala suerte, pero esa no se puede evitar.

Ocupa la calzada

Así pues, basta en la práctica totalidad de los casos con ocupar un espacio suficiente en la calzada, con respeto, con dignidad y con seguridad, sin insolencia pero haciéndose valer para forzar los adelantamientos por otro carril. Basta con separarse al menos un metro de los bordillos y de los coches aparcados, no adelantar por la derecha si no tenemos absoluta certeza de que no corremos peligro, posicionarnos delante o detrás de los coches en los semáforos y stops, mantener una línea, señalizar nuestras maniobras, mantener una distancia de seguridad y circular a una velocidad adecuada.

COPIADO DE: Un albaceteño en bici (14 julio 2011)

Análisis de la situación:

Nos encontramos en una vía muy transitada de nuestra ciudad, y vemos que hay dos vías ciclistas segregadas del tráfico, ambas de tipo acera-bici, es decir, pintadas sobre la acera, una en verde y otra simplemente delimitada por dos líneas blancas. Asimismo, existen cuatro carriles centrales de circulación y dos “vías de servicio”, una en cada sentido. Da la casualidad de que en ambas vías de servicio la velocidad máxima según la Ordenanza Municipal de Circulación es de 30 km/h (velocidad máxima permitida para las bicicletas) y que las vías ciclistas se han creado justo al lado de las mismas PARA APARTAR DEL TRÁFICO GENERAL AL TRÁFICO CICLISTA. Es decir, “las bicis para fuera porque estorban” (típico comentario de conductor que piensa que los ciclistas no podemos circular por la calzada). Si a ello sumamos que las características de estas vías ciclistas segregadas impiden el desarrollo debido de la circulación ciclista, como demostré en este artículo y vídeo, se consigue el propósito deseado: QUE LA BICICLETA NO SIRVA COMO ALTERNATIVA DE TRANSPORTE EFICIENTE y no conlleve otra cosa sino problemas.

Yo tengo más que constatado lo siguiente: circulando en ambos casos por el centro del carril derecho de los dos del centro en cada sentido, la distancia de adelantamiento de cualquier vehículo supera los 1,5 m EXIGIDOS POR LEY (por las propias dimensiones de los carriles), lo que aporta una seguridad total al ciclista y además le permite circular sin ningún problema a los 30 km/h de velocidad máxima que dice la ley. En cambio, circulando por cualquiera de las dos vías ciclistas, el primer problema (bastante grave) es la falta de anchura, pues no entran dos ciclistas en paralelo, y también el hecho de que los peatones siguen circulando por donde lo hacían antes, es decir, POR LA ACERA QUE ALGUNA MENTE “PRIVILEGIADA” LES HA QUITADO para darles ese espacio a los ciclistas, estando totalmente en su derecho a hacerlo, porque si no apenas tienen hueco por donde poder andar o pasear tranquilamente.

EN RESUMEN

Os ruego por favor, como ciclistas que en teoría utilizáis la cabeza, que NO CIRCULÉIS JAMÁS por ninguna de estas dos vías ciclistas, y en general por ninguna otra, puesto que todas ellas ejercen una función claramente similar. Si no sois capaces de entenderlo por las buenas, os tocará hacerlo por las malas, que será CUANDO TENGÁIS UN ACCIDENTE utilizando las vías ciclistas segregadas que NO DAN NINGUNA SEGURIDAD, más bien todo lo contrario.

Gracias a la labor pro carril-bici de la mayoría de los colectivos ciclistas españoles durante los últimos 20 años (época de la que yo también fuí parte y colaboré en el desaguisado por falta de información y análisis sobre el tema), todavía hay personas ancladas en la idea “bici=carril-bici” o personas enquistadas en la defensa y continuidad de la acera-bici (por ejemplo: 1 y 2). Sin embargo, detectamos cierto avance en las ideas . Por ejemplo: los que piden carriles-bici pero “bien hechos“; u otros que están dándose cuenta del error cometido (por ejemplo, A. SANZ, Cortinas de humo verde a dos ruedas) ante la evidencia (que veníamos denunciando aquí desde hace tiempo) del desastre ocasionado por la expansión de la acera-bici de doble sentido (el caso de Sevilla) o del carril-bici de doble sentido en cualquier tipo de calle (incluso en las de tráfico calmado o hasta en caminos rurales) .

También parece que CONBICI ha rectificado, aunque ha tardado 7 meses, después de sus vergonzosas declaraciones y presión para que DGT aceptara y permitiera la circulación de ciclistas por la acera . Tal fue su escandaloso error que ni siquiera a dejado rastro, borrando toda huella de sus comunicados en su página web, por ejemplo:

las aceras “(…) ayudan a la promoción de la bicicleta (…)” (CONBICI, Propuesta de CONBICI sobre la convivencia ciclista/peatón, 23/02/2011).

Y añaden que las administraciones deben formar a ciclistas y peatones para que circulen correctamente por ellas: “(…) La educación necesaria para poder hacerlo en adecuadas condiciones, es una de las asignaturas pendientes, pero también llegará con la práctica y con adecuadas campañas de concienciación y educación estatales, autonómicas y municipales.” (CONBICI, Propuesta de CONBICI sobre la convivencia ciclista/peatón, 23/02/2011)

“La convivencia entre ciclistas y peatones en las aceras cuyas dimensiones lo permitan es en estos momentos, en los que la mayoría de las ciudades españolas carecen de infraestructura ciclista, un factor esencial de promoción de la bicicleta. Aunque lo deseable a medio plazo es que las redes de carriles-bici se vayan extendiendo a la mayoría de las vías públicas, hasta hacer innecesaria esta mezcla de flujos. En este sentido entendemos que dicha convivencia debe limitarse no sólo a las aceras que posean unas dimensiones mínimas, sino también a aquellas vias que carezcan de carril-bici, tal y como está regulado en Sevilla” (CONBICI en Granada Sostenible, Prioridad para la bici en los cascos urbanos, 12/02/11)

Parece que es a partir de ahora cuando está tomando más fuerza la nueva idea: calles 30 en calles de un carril o de un carril por sentido y en el resto (avenidas con límite 50 Km/h), carril-bici en la calzada. Es decir, se avanza bien poco:

1. En primer lugar,  porque se sigue tratando al ciclista como a un ser incapaz de hacerse respetar, de gestionar su espacio adecuadamente y de condicionar el comportamiento del resto de conductores, y que necesita delegar su seguridad en las infraestructuras en lugar de dotarle de la autonomía que le permita circular por la calzada de cualquier tipo de calle.

Ciclista gestionando su espacio adecuadamente en la Gran Vía de Granada (avenida bajo amenaza de ser prohibida la crculación de ciclistas por ser un estorbo para el tráfico)

Ciclista gestionando su espacio adecuadamente en la Gran Vía de Granada (avenida bajo amenaza de ser prohibida la crculación de ciclistas por ser un estorbo para el tráfico)

2. En segundo lugar, porque se sigue considerando al ciclista un estorbo en el tráfico. La mayoría de colectivos ciclistas persigue la multiplicación del número de ciclistas para reducir el uso del coche (estrategia fallida que no crea un conflicto con el poder económico y político y, por tanto, no significa una traba para que estos poderes sigan potenciando, al mismo tiempo, el uso del coche en ciudades con área metropolitana mediante la expansión urbana, la zonificación de actividades y las infraestructuras para el transporte motorizado que la trenzan). En este territorio diseñado para la dependencia de sus habitantes hacia el uso del coche, los planificadores de movilidad reservan ciertas avenidas para encauzar el tráfico intenso. Es en estos lugares donde la bicicleta les resulta molesta, considerándola un obstáculo más que salvar y que debe ser segregada. Al mismo tiempo, la mayoría de colectivos ciclistas españoles sabiendo que no podrán ganar la batalla contra el poder para pacificar estas grandes avenidas optan, otra vez, por una salida sin conflicto: el carril-bici (pero por la calzada, creyendo que así se cumplirá la ilusión de reducir el uso del coche -cuando también es un espacio arrebatado a los ciclistas que circulamos por la calzada, ya que nos prohíbe ciruclar por un carril de 3 m. sustituyéndolo por otro de 1,2 m.-). De esta manera, por ambas partes, triunfa la idea de tratar a la bici como si fuera un elemento a mitad camino entre peatón y vehículo.

Copenhague antes del carril-bici

Copenhague antes del carril-bici

Copenhague después del carril-bici

Copenhague después del carril-bici

Sin embargo, todo es mucho más fácil considerando a la bicicleta como un vehículo, sin más: los ciclistas no son un obstáculo, sino parte del tráfico. Todos los conductores reducen su velocidad cuando detectan delante suyo otro que está parado, que circula a una velocidad menor o que señaliza una maniobra (siempre y cuando lo vean y sea predecible). Es el ciclista, mediante un  buen control y gestión del espacio por el que circula, el que controla ser adelantado con seguridad.

 

Bicycling in traffic is a dance you lead from Keri Caffrey on Vimeo.

Me parece muy buena la idea de la pacificación del tráfico y la limitación de la velocidad máxima a 30 Km/h, siempre y cuando esto no se traduzca (como todos los indicios parecen estar indicando) en que allá donde la administración no acepte llevarla a cabo se segregará al ciclista a un carril-bici (o, en su defecto, como ha ocurrido hasta ahora, se le permitará circular por la acera):

El Foro de Organizaciones Peatonales ANDANDO, la Coordinadora en Defensa de la Bicicleta ConBici y las asociaciones de víctimas accidentes de tráfico STOP Accidentes y Asociación de Prevención de Accidentes de Tráfico P(A)T han solicitado a los partidos políticos que concurren a las elecciones legislativas del próximo 20 de noviembre que se comprometan de manera clara con el aumento de la seguridad vial y la movilidad sostenible en las ciudades españolas.

Desde el punto de vista de nuestras entidades una manera eficaz para mejorar la seguridad vial en los entornos urbanos radica en limitar la velocidad a 30 kilómetros por hora en las vías secundarias y residenciales (el 75% de nuestras calles), asegurando el cumplimiento riguroso del límite de 50 kilómetros por hora en las vías principales. Al día de hoy, ambas limitaciones son ignoradas sin consecuencia punitiva alguna por un elevadísimo porcentaje de automovilistas. En este sentido recuerdan que el Parlamento Europeo aprobó el pasado 29 de septiembre un informe en el que pide limitar la velocidad máxima en zonas residenciales y en calles de un solo carril a 30 km/h

Hasta aquí todo perfecto

La apuesta clara por un modelo de “Ciudad 30” serviría para rebajar la siniestralidad en las vías urbanas, reduciendo el peligro de atropello y mejorando la seguridad de los ciclistas que circulen por las calzadas, pudiendo evitar así hacerlo por las aceras. Paralelamente a estos cambios normativos, las entidades han acordado solicitar a la Dirección General de Tráfico que no facilite la circulación de las bicicletas por las aceras a través de la futura modificación del Reglamento General de Circulación, al tratarse de una medida que perjudica a ambos modos de desplazamiento, creando un conflicto artificial que debería resolverse mediante la pacificación del tráfico en la calzada y la construcción de infraestructuras ciclistas de calidad, que reste espacio a los vehículos motorizados.

Magnífico que, finalmente -aunque haya tardado 7 meses-, CONBICI haya rectificado y, después de solicitar a la DGT lo contrario, ahora se sume a la idea de que se no permita la circulación de bicicletas por las aceras .

Por otro lado, no creo que la limitación a 30Km/h evite la circulación de ciclistas por las aceras. Porque se sigue sin enseñar al ciclista cómo conducir su bicicleta en cualquier tipo de calle de forma autónoma. El ciclista seguirá sin saber cómo gestionar su espacio, dónde ubicarse, cómo comunicarse con los demás, etc. Por lo que no habrá superado sus miedos y continuará siendo un fantasma para el resto de conductores

Respecto a las infraestructuras de calidad, no son más que carriles-bici. Conocemos muy bien cuál es esa supuesta calidad, la que viene descrita en los manuales para el diseño de carriles-bici, es decir: la marginación de la bicicleta en espacios reducidos, tortuosos y peligrosos que no sirven para circular en condicones de seguridad a más de entre 5 y 10 Km/h, ni sirven para albergar una modesta densidad de ciclistas circulando. Olvidan (como también lo hace A.SANZ en Cortinas de humo verde a dos ruedas) que los carriles-bici urbanos en la calzada introducen nuevos riesgos para los ciclistas ocasionados:

- por posicionar al ciclista en el extremo derecho de la calzada, en el águlo muerto de los vehículos que giran a la derecha, contradiciendo una de las normas más básicas del tráfico.

- por la escasa anchura (1.2 m por sentdo) que determinan los manuales para su diseño que resulta insuficiente para circular en bici a más de entre 5km/h y 10Km/h y  poder esquivar de forma óptima ostáculos inesperados.

- por la distancia lateral de seguridad insuficiente que establece para que los ciclistas sean adelantados por el resto de vehículos (según los manuales para su diseño). Esta distancia de seguridad es de 40 cm., inferior a lo recomendado por seguridad a ciertas velocidades: 1.5m que el ciclista puede conseguir gestionando adecuadamente su espacio.

Como recomendaciones para no caer en el mismo error de nuevo: Calidad Vías ciclistas en la ciudad (Biciescuela Granada) y PlanOviedo30

En definitiva, esta nueva visión del carrilbicismo trata de hacer infraestructuras que no enseñan al ciclista a conducir su bicicleta por cualquier tipo de calle de forma autónoma. Seguirá sin saber cómo gestionar su espacio, dónde ubicarse, cómo comunicarse con los demás, etc. Por lo que, el ciclista seguirá invadiendo la acera porque no habrá superado sus miedos.

En relación al tránsito de ciclistas en las zonas peatonales, las entidades firmantes apuestan por permitir la convivencia de ambos modos de desplazamiento en determinadas circunstancias y calles peatonales, sin la necesidad obligatoria de delimitar itinerarios ciclistas, siempre respetando la prioridad peatonal y el cumplimiento de las normas de seguridad en dichos espacios.

Las entidades de peatones, ciclistas y víctimas de accidentes de tráfico solicitamos a los partidos políticos que se comprometan de manera pública con el fomento de los desplazamientos no motorizados y les instamos al cese de la tolerancia con los excesos de velocidad, que generan constantes accidentes, heridos y fallecidos entre los viandantes y los usuarios de la bicicleta. La actual situación supone una dejación de funciones irresponsable e inadmisible en un Estado europeo avanzado.

Creo que en el final del texto han hecho un flaco favor a la pacificación del tráfico ya que presentan exclusivamente a los ciclistas y peatones como los únicos que sufren los accidentes de tráfico en la ciudad. Y es que según los datos (si bien es verdad que son los peatones los que más la sufren), hay víctimas y heridos entre todas las formas de desplazarse, siendo los ciclistas los menos:

- PEATONES: 269 fallecidos y 1.500 heridos.

- MOTORISTAS: 181 fallecidos y 2.300 heridos.

- CONDUCTORES DE COCHE: 101 fallecidos y 1.000 heridos.

- CICLISTAS: 13 fallecidos y 200 heridos.

(FUENTE: La Razón, 17 febrero 2011)

Respecto a los accidentes en bici, según las últimas estadísticas del barómetro de la bicicleta (2011):

- Solo el 20,9 por ciento de los ciclistas ha tenido algún accidente.

- De estos accidentes: el 77,5 por ciento se deben a caídas debidas a motivos propios del ciclista; el 3 por ciento fue por atropellar a un peatón y el 14,2 por ciento de los casos estaba implicado otro vehículo (falta averiguar si fue causado por el comportamiento indebido del ciclista o no). Es decir, tan solo el 2,96 por ciento de los ciclistas ha tenido un accidente con otro vehículo implicado.

- El 42 por ciento de los accidentes fue en la ciudad, el 11 por ciento en carretera y el 46 por ciento en caminos de montaña

-De todos ellos, solo el 1 por ciento de los accidentes fueron graves (con hospitalización de más de 24 horas)

COPIADO DE Bicicletas, ciudades, viajes… (4 noviembre 2011)

Escribía el último artículo sobre la actitud de muchas personas que utilizan las aceras para circular en bicicleta de una manera desnaturalizada y prepotente, apoyadas en el consentimiento interesado de muchos (entre ellos los responsables de que el tráfico motorizado siga fluyendo con la mayor agilidad posible y los que quieren más bicis a cualquier precio) y en la impotencia de todos los demás. Y consideraba reprobable la falta de sensibilidad de muchos de ellos y las consecuencias del incremento masivo de este tipo de utilizadores de la bicicleta fuera de su espacio natural de juego. Creo que es necesario hacer un análisis más profundo del asunto visto el interés suscitado por el tema y las reacciones que ha provocado.

Pretender, como pretenden algunos, que la única manera segura de circular en bicicleta es separados del tráfico rodado es, además de una utopía, una irresponsabilidad y una desorientación sobre la naturaleza propia de la bicicleta como vehículo. Pero, más que eso, representa una ignorancia que atenta contra el fundamento del derecho a la movilidad y a la accesibilidad de las personas en la ciudad.

Considerar por otro lado que todos los conductores de automóviles son unos desconsiderados y unos violentos por el mero hecho de manejar un vehículo a motor es, además de injusto, absolutamente falso, ya que la mayoría de ellos son personas normales que además caminan y que cada vez más también utilizan la bicicleta aunque sea de una manera ocasional, y eso se nota.

Presumir, además, que las aceras son el lugar indicado para circular en bici a falta de una infraestructura específica y exclusiva atenta contra la seguridad de los más indefensos, con el mismo argumento que intenta justificar esta práctica, reproduciendo la misma lógica que les aparta de la carretera para infringirla en las aceras a los más débiles. Ejemplar. Pero es que esto tiene, además, una consecuencia de un calado mucho más profundo y es que se cambia la naturaleza de las aceras, paseos y zonas peatonales, que pasan de ser espacios más o menos desrregulados donde los caminantes pueden andar a su libre albedrío a convertirse en espacios de circulación con vehículos cuyas velocidades son en muchos casos realmente considerables.

Todo ello además de condicionar formidablemente el tránsito peatonal, que pierde la tranquilidad y la discrecionalidad en sus espacios, muchas veces exiguos, genera una crispación que es creciente cuantas más bicicletas concurren. Esto obliga en muchos casos a recurrir a cambios normativos en la utilización de estos espacios con pretendidas soluciones salomónicas que, además de resultar ineficaces y muchas veces incomprensibles, complican extraordinariamente la situación, agravándola, ya que otorgan un derecho a los ciclistas que muchas veces se malinterpreta como una prioridad.

Pretender, como pretenden algunos, que la convivencia entre peatones y ciclistas en las aceras es un mal necesario para tratar de convencer a los responsables de la ordenación urbana de la necesidad de habilitar espacios exclusivos para la circulación de bicicletas por todas las calles de la ciudad es, además de inviable, un despropósito monumental en el camino de construir ciudades más habitables, menos contaminadas y más amables. Agraviar a los más numerosos, a los más indefensos y a los más convenientes para este fin nunca puede ser el camino y menos el punto de partida.

Olvidarse además de que en las ciudades de estas latitudes la gente se desplaza mayoritariamente andando en sus tránsitos urbanos, es un desliz esencial en el que incurren muchos de los que reclaman esas redes exclusivas de viales ciclistas que lleguen a todos los rincones de las ciudades, imitando lo que hacen en otras latitudes, pero olvidándose de que allá arriba los desarrollos urbanísticos son muchísimo más dispersos y los desplazamientos peatonales son por ello marginales… y marginados.

Eso no quiere decir que los espacios reservados para la circulación ciclista no resuelvan algunos puntos críticos en determinadas condiciones de velocidad, densidad de tráfico o dificultad, pero de ahí a tratar de segregar por defecto a las bicicletas del resto del tráfico hay un salto cualitativo formidable.

Pero, lo peor de todo este asunto es que gracias a toda esta serie de despropósitos, derivas y enfrentamientos, el problema de los ciclistas se está trasladando de la calzada a las aceras y está salpicando injustamente a los peatones, dejando indemnes a los coches, causantes precisamente de los mayores males de la movilidad en la ciudad y de la inseguridad del resto de usuarios de las calles.

Así, con este panorama desquiciado y agravándose progresivamente, hemos diferido el tema central que aquejan nuestras ciudades que es la falta de espacios de calidad para disfrutarlos, seguros, tranquilos, vivos, agradables y saludables, porque se han destinado a la circulación y el aparcamiento de automóviles. Y esto ha ocurrido, entre otras cosas, por la dispersión urbanística y la deslocalización de las actividades, la especulación inmobiliaria y los intereses asociados a la industria del automóvil y al consumo de petróleo, que han promovido el uso desproporcionado del coche para desplazarse, lo que ha derivado en una preponderancia abusiva de este modo de transporte respecto del resto tanto en facilidades como en derechos.

O sea que, o volvemos la vista al tema central de intentar reducir el uso del coche en la ciudad o nos podremos perder en disquisiciones de miopes autojustificándose, rivalizando por espacios marginales en tesituras cada vez más enconadas y ridículas, empeorando lo que ya estaba mal por el puro ánimo de mantener nuestras posiciones… miserables.

COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes… (2 noviembre 2011)

Estamos presenciando en los últimos meses un proceso evolutivo entre los “ciclistas de acera” (también conocidos como “cicleatones”) en su actitud. Han dado un paso adelante, o una pedalada mejor dicho. Antes les valía con justificar su conducta arguyendo un miedo irracional (el miedo siempre lo es) al tráfico motorizado como fundamento para utilizar las plataformas peatonales como refugio de manera invariable y rehuir la calzada por temer su seguro deceso con tan sólo intentarlo. Hasta cierto punto justificable aunque sea de una manera subjetiva.

Ahora no. No les basta con eso. Esa etapa ya está superada y ahora, visto que además han ido ganando adeptos de manera importante ante la inoperancia de todos, ponen en tela de juicio la utilización de la calzada por los imprudentes que lo hacen y condenan como temerarios y casi incívicos a los que lo proponen como algo natural. Yo esto ya lo había “soñado” hace más de un año, en uno de los primeros artículos de este blog, pero está claro que la realidad supera cualquier imaginación por calenturienta que esta sea.

Ahora muchas de las personas que se atribuyen el derecho civil de preservar su integridad atentando contra la de los demás lo hacen además con chulería, aunque la ley no les asista y lo que condenen sea precisamente lo que prescribe la ley. A saber: que la bicicleta es un vehículo y su espacio de circulación por defecto es la calzada y que tiene prohibido circular bajo ninguna circunstancia por la acera.

Me gustaría pensar que este movimiento es una especie de insumisión ante una ley tan estúpida, por darle algún valor al asunto, otra faceta de la indignación colectiva que es tan caprichosa en sus reivindicaciones, pero me temo que no va a ser eso, sino más bien una variante de conformismo adulterado de la incuestionabilidad y la invulnerabilidad del tráfico motorizado como garante del bienestar en las ciudades a través de la ubicuidad que proporciona la movilidad compulsiva, en coche, por supuesto.

Sin embargo me temo que va más allá y que esto no es lo más llamativo de este grupo de practicantes. Lo más sorprendente es que sus argumentos no se fundamentan en datos reales sobre la siniestralidad de los “ciclistas de calzada” (pensé que nunca iba a tener que utilizar semejante término redundante). De hecho, las estadísticas nos dicen que la inmensa mayoría de los accidentes graves o mortales que se producen en la ciudad en los que se ven involucrados ciclistas tienen su origen precisamente en la práctica del ciclismo de acera, fundamentalmente en sus intersecciones con el tráfico rodado, pero estos datos, tan reales como la muerte misma, no deben parecerles suficientemente creíbles y los niegan por pasiva que es la peor de las negaciones.

No sé a dónde llegará su atrevimiento y su insolencia intimidando peatones por preservar su integridad y comprometiendo la tranquilidad y la seguridad de los viandantes, pero me temo que cuentan con el beneplácito del imperio automovilístico y esos van a utilizar a esta masa crítica para consolidar sus posiciones exclusivistas en la calzada.

De hecho, ya se ha empezado a notar también, y creo que no es una casualidad, un cambio de actitud de muchos conductores de automóviles que ahora han subido el tono de sus increpaciones y no les tiembla tanto el pulso para pegar un buen bocinazo y el consecuente acelerón con su correspondiente aspavientos.

Más vale que ahora que los colectivos ciclistas (los mismos que tan sólo hace unos meses aplaudían la pretensión de permitir de manera universal a los ciclistas circular por las aceras) han reconocido la gravedad del problema después de haberlo promovido,y confiemos en que marquen como una línea principal dentro de su plan estratégico el tema de resolver esta cuestión y empezar a atajar a este tipo de “kamikafres a pedales”, aunque sólo sea porque va a llegar un momento, si no, que ellos van a ser más numerosos que los “antiguos ciclistas” (dios mío qué me está pasando) y van a poder contrarrestar sus argumentos con números, como algún ayuntamiento lo hace con sus kilómetros de “carril loquesea” o con sus usos de “bicis públicitas”.

COPIADO DE Bicicletas, ciudades, viajes… (30 octubre 2011)

Hemos vivido tiempos tan locos, tan alucinantes, tan desaforados que muchos se han dejado llevar por la vorágine y han llegado a pensar que cualquier cosa era posible. El dinero corría a espuertas, sin control, las obras públicas generaban auténticas monstruosidades que sumaban cientos, miles de kilómetros de segregación ciclista y discriminación peatonal, amén de otros desmanes fruto de la incontinencia, la incompetencia y los intereses creados. Para coronar la cosa llegó el Plan E y aquello fue el festival de la improvisación y el despropósito financiado.

Gracias a los mismos que nos llevaron a ese desquiciamiento colectivo, la cosa explotó y hoy, los que no nos lamentamos de ello, empezamos a ver visos de recuperación. Más vale tarde que nunca y, en este país de pandereta, debemos estar contentos de que haya habido que necesitar toda una colección de hechos consumados en forma de respuesta peatonal, accidentes evitables e inviolabilidad flagrante del sector motorizado, ahora parece que las aguas empiezan a volver a su cauce.

Hoy hemos conocido que la gran conclusión de la Asamblea de ConBici, como máxima expresión del asociacionismo ciclista agrupado, es que la coordinadora apuesta por el calmado del tráfico y por las ciudades 30. Enhorabuena y bienvenidos. Se ha hecho mucho daño durante demasiado tiempo ninguneando a los peatones y a sus asociaciones representantes, como aquel desafortunado desencuentro que tuvo lugar en el marco del Velocity de Sevilla, pero nada es irreparable (salvo las vidas que se han perdido “gracias” a tanta acera bici implementada en nuestro país) o al menos nada es irreversible.

Imagen cortesía de Münchenierung

Espero que esto no responda a un lavado de cara de una asociación de asociaciones que ha perdido el crédito en sus últimas actuaciones públicas por su miopía, su seguidismo y su capacidad de mirar a otra parte cuando se estaban produciendo situaciones realmente graves en las ciudades en las que operaban muchos de sus líderes y, en general, en toda nuestra geografía.

Ahora que no se puede seguir despilfarrando más dinero haciendo chapuzas a diestro y siniestro, ahora que hasta los provocadores de la hipermovilidad también se atreven a proponer la ciudad compacta como solución a los propios males generados por ellos mismos, ahora que no se puede seguir aplaudiéndolas en un ejercicio de irresponsabilidad histórica, ahora que la arrogancia se nos ha curado a todos de repente, ahora nos damos cuenta de los desmanes que han provocado estos años de vacas gordas… y locas.

En fin, nunca es tarde si la dicha es buena y además para los que siguen mirando al Norte esperando que ellos sigan iluminando su camino como lo hacía la Estrella Polar en otros tiempos, les tenemos que decir que por allá tambien soplan vientos de renovación, como nos cuenta ilusionado Münchenierung en este post, del que he tomado la imagen.