… van estos y nos quieren prohibir andar por las aceras.
Así responden los cicleatones sobrevenidos y también los vocacionales a la intención generalizada por parte de la autoridad competente de tratar de regular un desmán que, por acción y por omisión, se está perpetrando en las aceras y demás espacios peatonales.
Lo mejor es que lo dicen sin segundas, sin mala intención, sin acritud, apelando a lo que son hechos consumados y que ellos han reinterpretado como derechos consolidados: la mayoría ha aceptado “acera” como lugar de circulación para bicicletas y esto ahora es muy difícil de revocar. De hecho hasta los sufridos peatones se resignan a mirar por encima del hombro antes de girar, a disculparse cuando se cruzan inesperadamente, a reprender a sus peatones queridos y hasta a mirar a las señales de tráfico, no vaya a ser que vayan dirigidas a ellos. Y lo hacen con una sumisión ejemplar. Y los que se quejan y reprenden a los ciclistas empiezan a parecernos energúmenos con actitudes desmesuradas y casi incívicas, por no decir desalmadas.
No tiene razón de ser pero es. Para darle la vuelta a la circulación ciclista y peatonal han bastado apenas cuatro años de desidia, connivencia y desorientación para afianzar algo que, hasta entonces, era una práctica ilegal y excepcional.
Hay un extremo realmente fascinante en todo este proceso, que es el que protagonizan ciclistas experimentados que, viéndose fuera de juego en el nuevo orden establecido, se han incorporado también a este siniestro juego de hacer ver que las aceras y los carriles bici son espacios adecuados y seguros para la práctica ciclista. No es broma. Y no me refiero al espectacular caso de Tony Martin circulando a lo Go Go Girl por un carril bici y colisionando con un coche. No. Son muchos de esos novatos de la bici urbana, que son en su ocio ciclistas deportivos de un cierto rendimiento en carretera o en montaña, y que, cuando van de civil, circulan como peatones.
Corroe la inquietud por ver qué son capaces de pergeñar los cerebros de la DGT para atajar semejante realidad sangrante o si sólo se van a quedar en una colección de medias tintas bienintencionadas que sigan dando cobertura a esta discrecionalidad desquiciante de nuestras autoridades locales.
Mientras tanto, seguiremos boquiabiertos y patidifusos presenciando la vorágine demencial en la que se están convirtiendo nuestras ciudades y lo complicado que se está volviendo esto de caminar, por no hablar de lo de circular en bici por ellas.
El ciclista alemán Tony Martin, campeón mundial contrarreloj 2011, sufre fractura de malar, mandíbula y cuenca de un ojo como consecuencia del accidente que sufrió este miércoles mientras se entrenaba cerca de su domicilio, en Suiza.
Tras chocar contra un coche, Martin fue trasladado inconsciente al hospital universitario de Zurich, donde tras ser sometido a las pruebas pertinentes se le detectó las citadas fracturas.
Tres recuperar la consciencia, el corredor de Omega Pharma señaló que apenas se acuerda de los pormenores del percance. «No puedo recordar el accidente. Lo que sé es que iba alrededor de 35 – 40 kms/hora por un carril bici cuando una mujer se cruzó con su auto. Entonces las luces se apagaron. Y cuando volvieron, me vi encima de mí las cabezas de los policías que me preguntaron por mi nombre y fecha de nacimiento», explica en su página web.
«El lado izquierdo de mi cara está destrozado»
El ciclista comentó su impresión de las lesiones que padece: «Mi lado izquierdo de la cara está totalmente destrozado. Mi ojo izquierdo está lleno de sangre y completamente hinchado. Además me duele el brazo izquierdo y algunas costillas». A pesar de su estado, Martin asegura que prefiere marcharse a su casa, situada a escasos 3 kilómetros de donde se produjo el accidente.
Tras cuatro años en el HTC, Martin fichó esta temporada por el Omega Pharma de Patrick Lefevere. La pasada temporada subió un escalón en su palmarés con destacados triunfos, como el Mundial contrarreloj, la general en la París-Niza y triunfos de etapa en el Tour de Francia y Vuelta a España.
Nos gusta ver estos videos en los que se nos relata cómo consiguieron los holandeses esas ciclovías de las que tanto presumen y que tanto ansía el resto del mundo. Es interesante todo ese proceso social y esa oportunidad económica que ahora todo el mundo está viendo reproducida en esta gran crisis que nos azota, con el petróleo marcando máximos históricos y este descontento social generalizado.
Sin embargo, parece mentira que esa misma gente que aboga por una ciudad mejor deje pasar por alto algo que no es cuestión menor cuando, más allá de la pura ciclabilidad y de esa gran ciclabilización social, ponemos el objetivo en construir ciudades más habitables y su relación con el uso abusivo del coche.
El que ha visitado y el que ha vivido en esas ciudades ciclistas se habrá dado cuenta que, es tal la masa crítica, que lo que se convierte en un reto es caminar más allá de los centros urbanos, que básicamente se reducen a media docena de calles peatonalizadas aisladas.
Obviar este asunto no es ninguna menudencia, tratar de equiparar ciclistas y peatones es ya una cuestión que reviste una gravedad fundamental porque, mientras las bicicletas siguen siendo vehículos y siguen, en escala, reproduciendo los problemas propios de la circulación (velocidades, capacidad de las vías, aparcamiento, accidentabilidad, robos, etc.) los peatones son absolutamente inocuos al resto de ciudadanos. De hecho, los peatones no son otra cosa que ciudadanos que para sus desplazamientos no utilizan ningún vehículo o que no lo hacen en su tramo terminal.
Comprender esto es vital para valorar los condicionantes que aportan unos y otros. Así, mientras los ciclistas necesitan facilidades para circular y aparcar y cuando tratan de hacerlo en espacios compartidos con los peatones, estos salen claramente perjudicados y su libertad de movimientos queda cercenada, los espacios puramente peatonales son espacios tranquilos, discrecionales, donde la gente discurre a su libre albedrío y donde niños y mayores pueden campar a sus anchas. Dichos espacios son idóneos para ejercer la actividad comercial, para pasear sin sobresaltos, son verdaderos puntos de encuentro, de socialización.
A los que habéis visitado o vivido en estas capitales ciclabilizadas no os resultará extraña la labor policial de desmontar a los ciclistas en los espacios peatonales. Aquí parece una afrenta.
Todo esto sería discutible si, en esas conquistas históricas en esos países modélicos, hubieran conseguido reducir notablemente el uso del coche privado. Sin embargo, analizando la utilización porcentual en dichas ciudades y comparándola con nuestras denostadas poblaciones, lo que podemos observar es que, lejos de tener mejores distribuciones, en nuestras ciudades se usa, en general, menos el coche privado que en las suyas y, lo que es más importante, el porcentaje de viajes a pie o en bici es mucho mayor aquí que allá.
Y cómo nosotros podemos reducir a nuestros peatones tratando de fomentar la bici…
Entonces ¿por qué esa insistencia por tratar de conseguir lo que allá han conseguido con las bicis en unas ciudades mucho más dispersas y más planas cuando aquí lo hemos conseguido con los peatones en unas ciudades mucho más compactas y de orografías más complicadas? ¿Qué hace más deseables a los ciclistas que a los que caminan? ¿Que llevan bicicletas? ¿Que se las podríamos vender? ¿Que ganaríamos adeptos para nuestra causa?
… si seguimos el camino que hemos iniciado
No podemos ser tan necios y tan miopes que persiguiendo incrementar el número de ciclistas lo que consigamos sea reducir el número de peatones y de usuarios del transporte público. Tenemos que ser cautos a la hora de promocionar la bicicleta así porque sí, y mucho más de hacerlo en espacios peatonales porque sólo estaremos consiguiendo penalizar los tránsitos peatonales y estaremos disuadiendo a los viandantes pero no a los automovilistas.
Así pues, hay que tener bien claro cuáles son los objetivos que perseguimos y dejar de hacernos componendas con eso de que más ciclistas significa inevitablemente menos coches aunque sea, como dijo aquél, por la increíble carambola de restar usuarios del transporte público y que éste se haga más atractivo para los usuarios del coche. Si queremos ciudades amables, entonces necesitamos peatones. Cuantos más mejor. Lo demás son cuentos.
Una ciclista de 25 años falleció ayer de madrugada en Valencia al ser atropellada por un turismo en el cruce de la avenida de Peris y Valero con la plaza de Sanchis Guarner. La fallecida, vecina de la localidad valenciana de Alfafar, murió en el lugar del accidente en torno a las cuatro de la madrugada. La Policía Local no dio más detalles sobre la causa del accidente, solo precisó que la conductora llevaba puestos los auriculares de música. El Juzgado de Instrucción número 16, en funciones de guardia, acudió al levantamiento del cadáver. El atropello se produjo a la altura de un paso de cebra. (El País, 14 marzo)
No hay muchos datos sobre cómo ocurrió el accidente. Lo que sí sabemos, además de sentirnos impotentes y llenos de rabia ante tales noticias, es que la ciclista circulaba por un carri-bici y estaba atravesando transversalmente la Av. Peris y Valero. Lo importante no es que circulara por uno u otro sitio, sino que el carril-bici, simplemente, NO SIRVIÓ PARA NADA. Un proyecto millonario que posiblemente sirvió para llenarse el bolsillo, unos; ponerse la medalla eco, otros; fomentar y normalizar la invasión de ciclistas por las aceras; crear nuevas situaciones de multiplicación del riesgo para ciclistas; y creer que se mejora la circulación ciclista para los que esán en la foto:
Concentración en la esquina donde se produjo el atropello (con carril-bici incluído). MÓNICA TORRES. El País, 15 marzo
Sin embargo, y después de seis ciclistas fallecidos en esta ciudad durante los dos últimos años (ocasionados por carriles-bici o por cicleatones invisibles), el colectivo Valencia en Bici vuelve a pedir la misma receta inservible para la seguridad del ciclista:
“Los ciclistas aprecian que el riesgo de circular por la calzada es alto, por eso muchos optan por continuar por las aceras”, comentó ayer Fernando Mafé, de Valencia en bici. La asociación ha intentado que el Ayuntamiento de Valencia ampliara y conectar la red de carriles bici en buena parte de la ciudad. “Seguimos siendo un vehículo de cuarta o quinta categoría”, agregó tras constatar que cada vez hay más bicis en las calles de Valencia y que es necesario facilitar y dar seguridad a los que las usan. (El País, 14 marzo)
Curiosamente, los ciclistas fallecidos circulaban por la acera o el carril-bici. Paradójicamente, para evitar los riesgos percibidos se piden más carriles-bici que multiplican los riesgos objetivos. Y, después de multiplicar el número de ciclistas gracias a la gran cantidad de km en la ciudad, cuando el itinerario de esta infraestructura finaliza, ¿qué pasa?. Al parecer, a Valencia en Bici no le importa mucho (parece que están obsesionados con el número de ciclistas, como si fueran propietarios de Decathlon). Y es bien sencilla la respuesta, el ciclista sigue su itinerario por la acera porque no sabe cómo conducir su bici con seguridad y autonomía por la calzada. Un círculo vicioso que está dañando la cultura peatonal de nuestras ciudades u ocasionado situaciones cotidianas como la siguiente (¿qué hacía adelantando por la derecha a un autobús?):
Unas horas más tarde, un autobús de la EMT de la línea 80, que recorría el trayecto en dirección a Blasco Ibáñez, tuvo un incidente con otra usuaria de la bicicleta. Según fuentes de la empresa de autobuses, la usuaria se enganchó a la goma de la puerta del autobús cuando intentaba adelantar al vehículo en la primera de las rondas de la capital, cerca de la plaza del Temple. Los servicios del SAMU se desplazaron hasta el lugar del accidente y atendieron a la ciclista, que no necesitó asistencia hospitalaria. (El País, 14 marzo)
Sales esta mañana a andar. Temperatura fresca, ideal para hacerlo a paso vivo, nada de pasear. Te encuentras las calles semivacías. Al parecer todo el mundo se ha pirado a las fallas, a soportar petardazos, a hacer la ofrenda floral a la virgen, a asistir a alguna corrida de toros: “La España de charanga y pandereta, / cerrado y sacristía, / devota de Frascuelo y de María…”. Muy bien: que tarden en volver, no tenemos prisa porque lo hagan, no echamos de menos a los autos. Pero en esta caminata con las calles semivacías no podía faltar un incordio: las bicicletas de los domingueros circulando por aceras-bicis y por aceras y por donde les sale, que para eso son ecológicos, ¿verdá usté? P. S. añadido a las 11:10. Nada más terminar el comentario anterior leo en El País de hoy una carta al director —sección, por cierto, de las mejores del diario— con el título de Una bici atropella a mi hija, firmada por Daniel Bernal Pina, de Zaragoza. La reproduzo íntegra porque me parece interesantísima:
«Se llama Eva, tiene 4 años, e iba conmigo de la mano por la acera. Una bicicleta se le echó encima (en la acera) y la tiró al suelo clavándole el manillar.
Una herida en la clavícula, un susto, un padre cabreado, y una ciclista que dijo “perdón” y se largó.
No sé como quedará la normativa en Zaragoza para que las bicicletas circulen por la acera, a pesar de lo que digan tribunales y demás, pero ¿qué tenemos que hacer los peatones? ¿Qué nos queda? Si la bicicleta es un vehículo, a la calzada. Si los peatones no podemos andar por el carril-bici, ni por las aceras invadidas de bicicletas, ni por la calzada llena de coches, ¿la ciudad no es para mí? No enérgico a la circulación de bicicletas por las aceras en Zaragoza. Si es que la opinión de los peatones aún cuenta… parece que contra el negocio de la Bici tenemos poco que hacer. ¿Demasiados intereses?
No puedo permitir que atropellen a mis hijas en la acera.»
Ciclistas urbanos impulsando la bicicleta como parte integral (e integrada) de la movilidad urbana, como un vehículo conducido por usuarios responsables con derecho a toda la calle y no como un juguetito encerrado en el apartheid de las vias segregadas, tambien llamadas "carriles-bici".