COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes… (25 nov. 2011)

Leo con inquietud los problemas que están teniendo en Montreal motivados por el exceso de ciclistas que circulan por las vías ciclistas y que están generando una suerte de congestión que les trae de cabeza. Tanto es así que han decidido ponerse manos al asunto y tratar de buscar soluciones para optimizar la circulación de bicicletas. ¿Y qué se les ha ocurrido? Pues simplemente compartir la calzada con los buses y, mejor, proponer zonas de convivencia con velocidades máximas de circulación de 20 kms/hora. Una solución sin duda sesuda y clarividente. No sé cuántos ingenieros habrán necesitado durante todo el proceso, ojalá que pocos.

Photo: Ivanoh Demers, La Presse

Mirando hacia nuestro país, donde por suerte, las ciudades son mucho más compactas que en muchas partes del resto del mundo y donde tratar de repartir el espacio resulta practicamente imposible porque las secciones de las calles no dan para mucho más que para hacer unas aceras decentes o para eliminarlas directamente proponiendo calles completas compartidas, esto no puede ser otra cosa que una buena noticia que debe alertarnos sobre las previsiones que hemos de tener cara al futuro.

Hay que trabajar con un mínimo de proyección cuando se promueven facilidades ciclistas, hay que prever usos, demandas, cargas soportadas cuando se habilitan, sean en espacios compartidos como en vías dedicadas. Estamos demasiado familiarizados a pasar penurias incluso en actuaciones modernas por falta de un estudio de movilidad serio que analice la demanda de viajes de cualquier desarrollo o replanteamiento urbanístico. Y ya no sólo hablo de bicicletas, las penurias son generalizadas, no se salva nadie.

Si en lugares donde el uso de la bici es importante ocurren este tipo de colapsos, ¿qué no va a suceder en nuestras ciudades cuando el número de personas que intenten desplazarse en bicicleta por esos angostísimos pasillos de escasamente 2 metros para dos direcciones?

Espero que no pase demasiado tiempo para que se replantee la estrategia de actuación para incorporar a la bicicleta al tráfico de manera tranquila, segura, cómoda y eficiente. Si no, llegará un día dentro de menos tiempo del que creemos que nos veremos en este tipo de tesituras descubriendo que compartir es mejor que repartir porque hay sitio para todos. Espero que para entonces no hayamos dilapidado demasiados millones en inutilidades.

Lo peor de todo es que esta congestión, que no deja de ser de alguna manera una muerte de éxito, puede provocar problemas para los propios ciclistas, más allá de la pura incomodidad de ralentizar sus viajes. En Copenhage, la rutilante autoproclamada capital moderna de las bicicletas, el tema de la congestión ciclista llega a representar un inconveniente para algunos usuarios débiles, que no se atreven a afrontar la agresividad de sus vecinos en las horas punta y empiezan a considerar replantear su elección de movilidad. Comportamientos incívicos, maniobras peligrosas, trayectorias imprevisibles, sustos, accidentes, además de imposibilidad de encontrar aparcamientos en destino hacen que la bicicleta se empiece a cuestionar como algo no tan conveniente.

Los daneses se defienden argumentando que lo que de verdad es peligroso es andar en bici en Amsterdam, a la vez que reclaman más amplitud de los carriles bici. ¿Realmente será esa la solución? ¿O se están reproduciendo los vicios de la cultura del coche? ¿No estaremos jugando otra vez a las carreteritas?

¿Necesitamos realmente carrileslbici para poder cambiar nuestras vidas? ¿son necesarios para que la gente pueda moverse autónomamente en bicicleta en nuestras ciudades?

España es ese lugar del planeta en el que, hace cuatro días, nuestros mayores pasaban hambre y llevaban la ropa remendada.

Y en el que, últimamente, nos hemos permitimos tener a concejales de pueblo fardando en plan faltón con motivo de la inaguración del carrilbici local, algunas veces con argumentos de nuevo rico rayanos en la xenofobia (como, por ejemplo, los de este palurdo de Aranda del Duero, que se sobraba así poco antes de mandar al otro barrio a una trabajadora inmigrante sudamericana (D.E.P), víctima de un accidente de manual prefabricado por la necedad carrilbicista: “quienes critican el carrilbici quieren ponernos a la altura de Sudamérica“.)

¿Se nos ha ido colectivamente un poco/bastante la pinza con la manía de los carrilesbici?

With my own two wheels – Con mi propia bicicleta, con mis propias dos ruedas - es una película que cuenta la historia de Fred, un enfermero voluntario de  Zambia que utiliza la bicicleta para poder visitar a más enfermos. De Bharati, una adolescente de la India que puede seguir yendo al instituto gracias a una bicicleta. De Mirrian, una chica de Ghana con diversidad funcional, que ha podido escapar de ser estigmatizada como minusválida trabajando como mecánico de bicicletas. De Carlos, un granjero de Guatemala que inventa máquinas movidas con fuerza motriz humana y pedales para mejorar las condiciones de su comunidad. De Sharkey, un chaval de California, para quien la bicicleta es una vía de escape del mundo marginal de las bandas juveniles.

With my own two wheels” integra esas cinco historias y nos recuerda el potencial de la bicicleta para cambiar la vida de las personas.

Desde esta atalaya bicicletera de Ciudad Ciclista, “With my own two wheels” nos recuerda también, con su sencillez, hasta qué punto el concepto “carrilbici” resulta altamente ininteligible fuera de un contexto ideológico muy concreto y determinado de primer mundo ultra-motorizado.

Este es el trailer.

 

With My Own Two Wheels Trailer from Jacob SB on Vimeo.

Esta es una de las historias, la de Bharati.

Y esta es la película completa, de 44 minutos.

Visto en: Corpus Fixie

 

Es la novena edición Zoobomb, un festival en Portland donde la gente desfasa con sus engendros en una orgía ciclista de tres días con sus noches a lo bike kill.

Antes de que empiece la acción unos pocos cientos de personas empiezan cual londinenses encocados a amontonarse en el norte de Portland para un brunch (frescos y elaborados papitas fritas y tocino).

Donde  ”clubs” de ciclismo atípicos de  Los Angeles  ”Midnight Ridazz club” o los  ”Team Salt” de Salt Lake City, Utahy los “Dead Babies” de Seattle… empiezan a calentar el ambiente junto com los chicos de clubes de  Portland , por supuesto, fueron también los ”The Dropouts,” “North Freak, y los amables anfitriones  ”Zoobombers”… y todo ¿para que?

Pues para divertirse como locos al hacer carreras a lo Ben Hurt, justas medievales en bicicletas, carreras de Tall-bikes, minibikes y todo lo que acabe en bike…


Más info en Bikeportland

COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes… (9 dic. 2011)

Es difícil generar ilusión en un mundo que se nos está derrumbando día a día y donde los unos y los otros andan elucubrando e improvisando fórmulas para sostenerlo de cualquier manera. Y no precisamente con una conciencia de sostenibilidad sino por tratar de parapetar el asunto lo que dure. En este ejercicio agónico de tratar de salvar los trastos todavía hay gente que se aferra al color azul como garantía de mantenimiento del sistema. Menos urgente que el rojo y más elegante que el verde, el azul representa, por lo visto, la esperanza de futuro en toda Europa.

El mismo azul que sirve de fondo para identificar el símbolo inequívoco de progreso en el desarrollo de la bicicleta: el carril bici o la ciclovía o lo que sea. Una señal que encierra una bicicleta dentro. El símbolo inequívoco de la obligación, del buen camino, porque somos dóciles y sumisos, que es la única manera de ser ordenados. La defensa ante la amenaza del crimen organizado de los motorizados, tristes y perversos, agresores de la gente de bien, la salvaguarda de los bicicleteros, la salvación de los ciclistas es el azul azulón. El que nos libra de todo mal.

Si todavía no ha llegado a tu puerta, no desfallezcas, un año de estos llegará y ese día podrás por fin utilizar tu bicicleta para desplazarte a donde te lleve, que seguro que es a donde querías ir. Mientras tanto deberás ir por la acera, para salvarte y seguir siendo temeroso del “dios coche” y sus malvados conductores, que son unos malos malones. Y no te importe si te multan o si te insultan, estarás haciendo lo correcto.

Y no te dejes caer en la tentación de aquellos que te inviten a probar la calzada, sólo quieren desviarte de tu camino, sólo quieren ponerte en peligro. Perdónalos, que no saben lo que hacen.

Y si, por lo que sea, por la santa crisis o por cualquier otra causa mayor, el azul no llega nunca a tu puerta, piensa que habrá sido por el bien común, que esto es un valle de lágrimas y que no hay mal que por bien no venga y todo eso. De todas formas, siempre te quedará implorar y continuar con tu penitencia terrenal como vía de purificación, con la tranquilidad de saberte en la senda de la virtud.

Por los ciclos de los ciclos…

 

Una de las fantasías más divertidas que va contando por ahí nuestra querida tropa celtibéricocañí es que, en el extranjero, ”todo el mundo piensa igual que nosotros“ acerca la bici. Nuestra élite carrilbicista pretende hacer pasar sus cerriles y peculiarísimos disparates con pensamiento homologable y perfectamente alineado con un supuesto pensamiento único internacional carrilbicista. 

Patrick Field es un bicicletero de Londres. Entre otras actividades relacionadas con la bicicleta, es fundador de la London School of Cycling en 1992. Estas son sus palabras en la Royal Geographical Society el pasado 8 de septiembre de 2011, en el foro de debate organizado por intelligence squared sobre la bicicleta (Cycling festival).

Patrick Field habla de lo muy divertido que resulta el proceso político en torno a la bicicleta. Lo divertido de todo, para Patrick Field, es que la bicicleta es, sobre todo, una elección personal, individual, responsable, íntimamente humana y determinante de una experiencia liberadora y transformadora, pero (o precisamente por eso mismo) que permanece en una esfera de radical incomprensión desde el Estado.  

Su charla es entretenida y, por supuesto, no menciona (ni a favor, ni en contra) los carriles-bicis. La palabra “infraestructura” no se menciona ni una sola vez. Dejo al placer y al disfrute personal de cada lector el hallar, en medio de los destellos de ironía y de humor británico,  los puntos de conexión y de divergencia con la castiza ideología ciclo-cañí de nuestra carriltropa. Dejo también a la imaginación (y al sarcasmo) de cada cual imaginar lo que un Patrick Field opinaría, por ejemplo, del Plan Director Carrilbicista de Madrid.

Recomendamos el discurso original, pero acompañamos también esta traducción/adaptación libre de las palabras de Patrick Field.

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Cycling is a (very fun) political process

“Estoy enamorado de mi lavadora” es una frase que no escuchamos a menudo, ¿por qué nos apasionamos tanto con la bici?

Nos apasionamos con la bici porque nos permite experimentar nuestros potenciales humanos, todos de golpe.

En primer lugar, el esfuerzo te pone directamente en contacto con tu yo animal. Un trabajador que se pasa el día ante el teclado, cuando va a trabajar en bici adquiere el apetito insaciable de un cavador de zanjas, sin siquiera acercarse a un gimnasio.

Si hoy por la noche se produjera el gran apagón (sin suministro eléctrico, sin agua corriente, sin tratamiento automatizado de basuras…), tal vez la humanidad no se extinguiera, pero su tamaño se reduciría significativamente. Somos animales, somos también – en nuestras multitudes – productos de la industria.

Coloquialmente la gente habla de aprender a mantener el equilibrio en la bicicleta, pero descubrir el truco de sostenerte sobre dos ruedas consiste en exactamente lo contrario. Una bicicleta sólo está en equilibrio cuando está apoyada sobre algo. Al circular está cayéndose, lo único que está en equilibrio son las fuerzas. El secreto de estar cayéndote sin acabar de caerte consiste en acostumbrarse a no estar en equilibrio. El dinamismo de la bicicleta es la metáfora perfecta de la modernidad, donde nada permanece nunca igual.

Montar en bici es la apoteosis de la vida mecánica. En la bicicleta te conviertes en el elemento biológico de un sistema cibernético. Alfred Jarry lo llamó “el esqueleto mineral que nos permitirá aventajar a la evolución”. No es natural, es lo más lejos de la naturaleza a lo que puedes aspirar. Montar en bici te pone en contacto inmediato con tu identidad como ser vivo y como como producto industrial.

Hay también un importante elemento espiritual. Ir en bici de aquí (Londres) a Paris no es gran cosa: Elephant & Castle, Croydon, Newhaven hasta Dieppe (1), atravesar Seine-Maritime, cruzar Vexin…cuando ves la Torre Eiffel alzarse sobre el horizonte y lo comparas con hacer cola en la Estación St Pancras para sentarte en el tren, te das cuenta de que es como comparar la cocina casera con una lata de Pot Noodle. Ser pasajero de avión es como comer pasta de dientes.

Pero ¡tienes que decidirte a hacerlo! La parte más dura de cualquier viaje en bicicleta es siempre la idea. La cualidad más importante del ciclista es la ilusión.

Desplazarse a una velocidad cómoda no es un logro atlético, es un triunfo de la rueda.

Luego está el elemento social. La resistencia atmosférica aumenta de acuerdo con la tercera ley de la velocidad (de Newton). La física dicta que dos ciclistas cooperando pueden seguir avanzando con un esfuerzo considerablemente menor que un ciclista en solitario.

Montas en bici y eres un animal, una máquina, un espíritu, un posible camarada, un hombre moderno y pleno, un superhombre.

Ir en bici es democrático. No es como tocar el violín, no necesitas ser un superdotado. Montas en bici y lo haces cada vez mejor, cuanto más montas, mejor lo haces.

Las ruedas con cámara hinchable y cubiertas datan de alrededor del año 1890, la rueda libre – el último elemento de la bicicleta moderna – está disponible desde 1898. En términos históricos, esto es ayer por la mañana, en términos evolutivos, un abrir y cerrar de ojos. Estamos aún en la era pionera de la bicicleta, sólo estamos arañando la superficie de su potencial.

Desplazarse en bicicleta en Inglaterra durante el último tercio del siglo XX significaba formar parte de una tribu en vías de extinción, una tribu en vías extinción que se resistía tercamente a extinguirse. Si hablabas con cualquier político, urbanista o ingeniero de tráfico sobre el transporte en bicicleta, podías estar seguro de que la primera frase de su contestación contendría alguna de las siguientes palabras: seguridad, riesgo o peligro. Dejar caer que la gente podría utilizar la bicicleta por simple comodidad y para cumplir con su agenda diaria sonaba tan razonable, sensato y conectado con la opinión pública mayoritaria como intentar promover el uso masivo de alfombras voladoras.

Hoy hemos entrado en una era de mensajes contradictorios. Si te mueves en bicicleta, puede que te traten como a una heroína o a un héroe. Pero también (todavía) puede que seas tratado como un inadaptado. La fantasía entre nuestros gobernantes de que el ciclismo se marchitaría en su camino hacia ninguna parte ha sido superada.  Empiezan a darse cuenta del valor del uso de la bicicleta, y de que la bicicleta es una solución para una serie de problemas: el calentamiento global, la congestión del tráfico motorizado, y – el elefante en la cacharrería – la bomba de relojería que para la salud pública es la vida sedentaria. La gente sensata espera que la bicicleta acabe popularizándose.

La nueva fantasía es que la gente comenzarán a desplazarse en bicicleta, pero que no cambiará con la experiencia, que las personas normales andarán en bicicleta y seguirán siendo normales. Pero ¡es imposible!, las personas que van en bici son más felices, más optimistas, más independientes, menos temerosas, menos gobernables. Mao Tse-tung decía que “la revolución no es un cena de gala“. El dictador estaba en lo cierto, la revolución puede que no sea una cena de gala, pero tal vez sea un viaje en bicicleta.

¿Cómo podemos volvernos más contagiosos para la gran mayoría ciclo-deficiente? ¿Cómo podemos intensificar la epidémica propagación de la locura bicicletera?

Nuestra más sencilla y agradable obligación es servir de buenos modelos para los demás, hacer que nuestros desplazamientos parezcan fáciles, estilosos, envidiables, algo a lo que aspirar. En absoluto estoy pidiéndoos que os toméis la bicicleta en serio. Una de las muchas cosas hermosas de la bicicleta es que no es seria. La bicicleta hace que incluso el más tedioso desplazamiento puede generar un gozo infantil. Pero es potente, suficientemente potente como para merecer consideración. El tiempo invertido en pensar cómo hacerlo nunca es tiempo perdido. 

(Advertencia: cuando alguien te dice “así es como se va en bicicleta”, lo que casi siempre quieren decir es “así es como yo voy en bicicleta y como me va bien a mí”. Si conoces a alguien con quien te sientas identificado y que disfrute desplazándose en bicicleta, es buena idea que te aproveches para succionar su experiencia, pero se trata de su experiencia. No importa cuán inexperto seas, tú eres el experto en tu propia vida. Es tu libre decisión el elegir qué estilo o estilos de ir en bicicleta mejor se adaptan a tus necesidades. La bicicleta es algo demasiado nuevo para haber desarrollado una forma clásica. Existen principios, pero no reglas. A la gente le da miedo la libertad. Una respuesta común al potencial inexplorado de esta era pionera es el refugio en el dogma y el sectarismo. Puedes ir en bici a la ópera con cada detalle de la lencería y con cada pelo de las cejas en perfecto estado de revista. Puedes vestirte en ropa deportiva reflectante e intentar de recorrer 45 kilómetros en 55 minutos. Los dos son ejemplos de ciclismo real, y ambos son demostraciones de control).

Haz que tu desplazamiento en bici parezca fácil o, si te planteas un reto, que no sea un reto más duro de lo que quisieras que sea. Nunca luches con la bicicleta hasta que hayas llegado a tu desarrollo más corto, deja que la máquina haga el trabajo.

El elemento consumista relacionado con moverse en bicicleta es delicioso, es como si pudieras ir a la tienda y comprarte un par de piernas de Usain Bolt. Pero desplazarse en bicicleta no es una actividad consumista. Adónde vas, con quién vas, qué vas a hacer, ver o comer cuando llegues, todos ellos son más importantes que la bicicleta que montas. Disfruta de la bicicleta, pero no te enamores de tu bici. Monta en ella, mantenla, adáptala a tus necesidades, hazte con otra si fuera preciso, que la primera nunca esté celosa de la segunda. Guarda tu amor para quienes te puedan devolver amor.

Si tratas una bicicleta moderna (de esas con características aeronáuticas y diseñadas fundamentalmente para que los americanos monten con buen tiempo) igual que la bici con la que tu bisabuelo iba a la mina, fallará. Cuando alimentas a un caballo de carreras con cardos, no se transforma en un burro, se muere. No es una cuestión moral. Nadie irá al cielo por tener la bicicleta limpia. Pero quienes inventaron y perfeccionaron el cambio de marchas con desviador de cadena estarían alucinados de ver a alguien empezar un desplazamiento en bici en una bicicleta sucia. No tienes por qué usar tu bicicleta exactamente como sus fabricantes pretenden, pero sí tienes que entender para qué ha sido diseñada cada máquina. Si te entran dudas acerca de si necesitas añadir algún elemento particular en tu bici, déjalo. Siempre hay un argumento para el minimalismo.

Un pinchazo no es una emergencia. Es lo que sucede cuando montas en bici. Ten preparado un plan de contingencia.

Conduce tu bici como si la calzada fuera tuya, pero mantente siempre preparado para compartirla generosamente con los demás. Puede ser agotador verte tratado como un problema cuando eres una solución al problema, pero no te dejes enfadar por la estupidez de los demás, nunca te lo tomes como algo personal. Quienes padecen ciertas multi-dependencias pueden querer arrastrarnos hacia su propia y poco envidiable situación, pero las primeras víctimas de su desgracia son ellos mismos.

El tráfico no es más que otras personas. Casi todas son buena gente como nosotros. Pero incluso los gánsteres, incluso aquellos que siendo niños no recibieron el suficiente cariño de sus padres, no quieren, por puro egoísmo y propio interés personal, atropellarte. Dales una oportunidad de que no te atropellen, y no lo harán. En la bici puedes apoderarte de tu propio espacio en calzadas con tráfico abundante y con tráfico motorizado veloz. Compartir el espacio de la calzada con personas que son literalmente 50 veces más potentes que tú es pura libertad de comercio (2).

También puedes escoger moverte cómodamente en medio de la aleatoriedad del tráfico peatonal (3). Un estilo diferente se precisa cuando te vuelves el elemento del conjunto con el mayor poder de intimidación. No basta con no hacer daño a los peatones, no debes ni siquiera asustarlos. Si tienes prisa, es más rápido y es más seguro circular por la calzada. Nuestra misión es difundir la amabilidad y la gentileza de los parques y de las vías verdes en los espacios que ahora están dominados por el mal humor del tráfico motorizado, no contaminar los espacios no motorizados con maneras brutales tipo “apártate de mi camino” de las autopistas. El objetivo es una cultura del respeto, no una cultura ordenancista y de cumplimiento normativo.

El siglo XX exploró las fronteras de una economía basada en energía barata. Todas las tecnologías que pretenden evolucionar la bicicleta hacia fuentes externas de energía son auto-limitantes. La motorización del mundo actual no significa libertad, es el triunfo de la paciencia sobre la imaginación.

La gente no cambia sus hábitos por sentirse culpable. Cambia cuando reconoce una forma mejor de hacer las cosas. La Edad de Piedra no terminó porque el hombre de las cavernas se quedara sin piedras.

Si os hubiera dicho hace diez años que un día el alcalde de Londres iría en bici a trabajar y que dejaría 10.000 bicicletas por ahí desperdigadas por el West-End de la City para que cualquiera las usara, me habríais invitado a tomarme una taza de tila y pedido que me tranquilizara.

El desafío actual es imaginar qué locura nueva traerán los próximos diez años traerán. Las revoluciones de transporte pueden ocurrir muy rápidamente. El tiempo en que el vehículo con motor humano – la bicicleta – se convierta en el modo mecanizado de transporte personal utilizado de forma general puede estar más cerca de lo que imaginamos.

Ir en bici con alegría tal vez nos acerque a ese luminoso amanecer. Incluso si no fuera así, la evidencia epidemiológica es muy clara, quienes nos desplazamos en bicicleta gozamos de una vida más larga, por lo que en todo caso, es más probable que veamos ese día feliz.

Notas de traducción:

(1) Cruzando en ferry, se sobreentiende.

(2) “free association trading” en el original, podría quizás traducirse también como libertad de asociación, de relación o de negociación.

(3) Cuando un ciclista de Londres habla de circular entre el tráfico peatonal ni por lo más remoto está pensando en circular por las aceras. Está pensando en ciertos espacios no motorizados compartidos con los peatones como algunas rutas a través de parques, caminos junto al río Támesis (i.e. Thames path) o sus canales (i.e. Grand Union canal, Regent´s canal, etc), vías verdes y similares.

FUENTE: Cycling Savy (Orlando-USA)

Bicycling in traffic is a dance you lead from Keri Caffrey on Vimeo.

FUENTE: Koeln (17 julio 2009)

En 2008, 328 ciclistas se han estrellado debido a los carriles-bici en Colonia.

Además de los problemas propios de la segregación del tráfico que presentan los carriles-bici, muchos de ellos también se encuentran a nivel de la acera, como en la ciudad de Sevilla.

En total, unos 200 km de carril-bici tendrán que ser reconstruidos a largo plazo.

Según Jürgen Möller, coordinador de ciclismo urbano, “los ciclistas se ven mejor si no circulan por el carril-bici”, “los ciclistas fantasma deben dejar de existir”.

FOTOS: Vehículos Verdes (Andrés Moreno 23 marzo 2010)

Bifurcación infernal, Andrés Moreno 23 marzo 2010

Que pase el más chulo I, Andrés Moreno 23 marzo 2003

Que pase el más chulo II, Andrés Moreno 23 marzo 2003

Carril-bici embudo, Andrés Moreno 23 marzo 2010

FUENTE: Commute Orlando

En tan sólo tres largos paseos por la capital inglesa, pude recoger esta serie de imágenes que representan secuencias de situaciones típicas de personas circulando en el tráfico en bicicleta, gestionadas con responsabilidad.

Ganando posiciones en un semáforo

El primer ejemplo es esta chica “colándose” entre taxis parados para ir ganando una posición clara, por delante de ellos en un semáforo. Bien hecha es una maniobra sencilla, pero realizada de un modo imprudente puede poner en peligro tanto al ciclista como al resto de agentes involucrados en el tráfico. Pese a que los carriles en esta parte de la ciudad son muy estrechos y esto condiciona terriblemente esta acción, se puede hacer de una manera respetuosa y segura.

Saliendo de un semáforo y girando con anticipación

Ganar las primeras posiciones en los cruces da la oportunidad de elegir el itinerario y ser visible para el resto de vehículos, lo cual aporta anticipación y seguridad en la maniobra. Esta chica lo sabe y, pese a que llueve con fuerza, le resulta más conveniente esperar a que el semáforo se ponga en verde para reiniciar su marcha. El detalle de que lleve dos candados de U en el cuadro es muy significativo del nivel de seguridad requerido para aparcar la bicicleta en la calle en esta ciudad.

Señalizando y ganando carriles  con tráfico denso

Una cosa tan sencilla como girar en una calle con varios carriles se puede volver una operación comprometida si no se hace con decisión, con seguridad y con dignidad. Señalizar de una manera clara y suficiente las intenciones para que el resto de vehículos entiendan y visualicen tus intenciones es la clave. Y hay que saber manejar la bicicleta con seguridad con una mano, girarse y mirar de lado y atrás para ganar la posición. Hay quien lo hace además con elegancia.

Visto en: Bicicletas, ciudades y viajes


COPIADO DE Bicicletas, ciudades, viajes… (28 febrero 2011)

Hoy ha caído en mi pantalla un interesante artículo del blog Carbon Trace en el que se recoge un argumento sencillo pero contundente:

Es “inmoral” aquella infraestructura ciclista que sugiere seguridad pero que en realidad pone a los ciclistas en peligro.

Para argumentar esto, el autor explica:

¿Parece un término demasiado duro? No lo es.

Desde el lado del deber: tenemos el deber de no poner a los demás en peligro — especialmente no engañándoles en la creencia de que están más seguros.
Desde el lado de la consecuencia: lanzar a una persona novata a una situación peligrosa con la ilusión de seguridad puede acabar fácilmente con lesiones o su muerte.

No hay otro término para tratar argumentar en serio sobre cómo las acciones de uno pueden afectar a los demás — especialmente si tu trabajo es construir cosas que usa dicho público. O si tu pasión es promover algo que la gente “necesita”. O si tu objetivo es animar a más gente a andar en bicicleta. Si tú haces estas cosas, no puedes evitar el requerimiento moral de pensar sobre qué estás haciendo y cómo eso afecta, o podría afectar, a la gente que seguirá tu recomendación o que usará lo que tú has hecho.

¿Moral, ética? ¿Quién anda hoy en día preocupado por esas memeces? Son cuestiones para filósofos o puritanos. ¿Bien, mal? ¿Qué más da? ¿Deontología? ¡Para los médicos!

¿De quién es la responsabilidad si algo que se hace con buenas intenciones resulta ser peligroso?

Pongamos un ejemplo. En un accidente grave entre un coche y una bicicleta causado por diversas circunstancias propias de un cruce en un carril bici: diseño, falta de visibilidad, dificultad de interpretación de las normas de circulación y prioridades inconciliables, trayectorias de incidencia multidireccionales imposibles de prever, ángulos muertos, presunción de continuidad, percepción de seguridad proyectada… ¿quién es el responsable?

¿El colectivo ciclista que demandó la infraestructura? ¿El profesional o equipo de profesionales que lo diseñaron y lo implementaron siguiendo probablemente algún código de construcción más o menos aceptados? ¿El ciclista que bajo la cobertura de la percepción de seguridad y con la prioridad cruzó sin cerciorarse? ¿El conductor del coche que no supo interpretar semejante cúmulo de señales y normas concurrentes a la vez que se aseguraba que no había peatones en las inmediaciones ni ciclistas emergiendo, en ambas direcciones, a velocidades variables, además de controlar su propio vehículo en relación con el resto del tráfico?

La lógica nos lleva a asistir al herido, exculpar al débil, presumir la profesionalidad del técnico y justificar la buena intención del voluntario. ¿No es ésto un código ético más bien frágil cuando de lo que se trataba es de que hubiera menos víctimas y es precisamente lo que estamos provocando?

El caso es que este tipo de situaciones se producen cada vez más frecuentemente y todavía andamos peleando por establecer derechos, deberes, normas, prioridades, hábitos de prevención, cuando lo que realmente nos teníamos que preguntar ¿quién es el responsable de haber promovido y ejecutado este tipo de infraestructuras? Y más qué eso ¿qué hubiera pasado si esta infraestructura no hubiera existido? ¿Es mejor lo que hemos “conseguido” o lo que “teníamos” cuando no había eso?

Se conoce que es más fácil practicar la demagogia y la teología que la deontología o la teleología.